Carter y Los idus de marzo

Uno de mis dos abuelos –aquel que luchó en el bando republicano– me reveló que Edgar Rice Burroughs, además de crear a Tarzán, había escrito una serie de novelitas ambientadas en un Marte de ensueño. Disfruté sobremanera con su lectura, y me alegré aún más cuando me enteré de que, por fin, llegaban al cine, nada menos que de la mano de Andrew Stanton, director de “Buscando a Nemo” y “Wall-E”.

Así, “John Carter” prometía ser uno de los grandes estrenos de la temporada, con una trama basada en uno de los grandes creadores del siglo XX –creo que Tarzán da derecho al título–, un buen director, una producción gigantesca y más de 200 millones de dólares de presupuesto. Y, realmente, la película se queda en eso, en una superproducción de magníficos efectos especiales capaces de recrear creíblemente un mundo fantasioso y mostrar trepidantes escenas de acción dignas de un videojuego de altura.

Pero nada más. Stanton demuestra que los dibujantes de Pixar son más fáciles de dirigir que actores de carne y hueso. El guión alarga innecesaria y fatalmente una historia que termina aburriendo por repetitiva y previsible. Y, sobre todo, los actores no dan la talla. El protagonista, Taylor Kitsch, tiene el mismo carisma que Belén Esteban en unos Juegos Olímpicos, y su partenaire, Lynn Collins, es bella mas fría como el hielo y con menos personalidad que nuestro sistema educativo. Los mejores actores de la peli, como Samantha Morton o Willem Dafoe, quedan ocultos tras el maquillaje y los efectos, y Mark Strong, el mejor villano de los últimos años, encarna a un malo de chichinabo. Sin embargo, repito, la principal tara de “John Carter” es que sus estrellas carecen de brillo.

Todo lo contrario ocurre en “Los idus de marzo”, donde George Clooner, Paul Giamatti, Philip Seymour Hoffman y, sobre todo, la joven realidad Ryan Gosling, con su simple presencia, dan brillo a una película dirigida por el propio antiguo protagonista de “Urgencias”. El filme es un alarde interpretativo y destaca de nuevo la capacidad de Gosling para expresar infinitud de sentimientos sin mover un solo músculo.

“Los idus de marzo” cuenta una historia ambientada en la precampaña demócrata a unas presidenciales estadounidenses. El filme, donde Clooney parece empeñado en dejar huella en cada escena, se deja ver, tiene su interés de retrato y crítica, pero apenas despierta emociones. Da la impresión de que es una película vista mil veces y, aun así, es mejor que cualquiera de las candidatas a los últimos Oscar. Pero carece del cimiento de un genial creador como Edgar Rice Burroughs.

Así anda Hollywood, con historias en busca de estrellas, como si los efectos especiales pudiesen sustituir a los actores, o con estrellas a la busca de buenas historias con intensidad dramática. Después de haber visto los dos filmes me quedé con ganas: podrían haber sido mucho mejores. Ya que tenemos a genios de la imaginación como el primer Burroughs, o actores como Clooney, Hoffman o Gosling, ¿por qué resulta tan difícil ver un filme como dios manda?