Mitos de veras XXIII: Howard Hawks

Otra prueba más de la inanidad de los Oscar es que Howard Hawks, el más completo director en cuanto a géneros abarcados con singular maestría, sólo fue nominado en una ocasión y se consoló, como Cary Grant, con un galardón honorífico poco antes de morir, mucho después de que su gloriosa carrera hubiese terminado.

A pesar de ser un insuperable todoterreno, si en algo destacó Hawks fue en la comedia, con “La fiera de mi niña”, “Luna Nueva” y “Bola de fuego” como obras maestras. Aparte, en la misma época, bordó el cine de gangsters con “Scarface, el terror del hampa” (atención al vídeo adjunto que muestra el magistral plano secuencia con el que comienza este filme ¡rodado en 1932!; da igual que esté en inglés) y el de guerra con la memorable “El sargento York”.

En plena Segunda Guerra Mundial, Howard Hawks, antiguo combatiente de la Primera, era reconocido por el propio John Ford como el único que podía situarse a su altura.

Por si alguien lo dudaba, aparte de los Oscar, reinventó el cine negro con “Tener y no tener” y “El sueño eterno”, donde, por si fuera poco, creó la mítica pareja de Humphrey Bogart y Lauren Bacall y reescribió algunos de los mejores diálogos de la historia –reescritura de guiones que se convirtió en una de sus principales señas de identidad–.

Entonces, quizás cansado de esos géneros, volvió a reinventar otro, el western, con sus impecables “Río Rojo”, “Río Bravo” y “El Dorado”, tan buenas que podrían confundirse con algunas de Ford. Sólo alguien tan grande como Hawks se atrevió a rodar varias veces la misma película y obtener tan grandes resultados, sin importar si el compañero de John Wayne se llamaba Dean Martin o Robert Mitchum.

Lo asombroso es que, mientras rodaba estos westerns a modo de epitafio, también se atrevió con un musical como “Los caballeros las prefieren rubias”, una de péplum como “Tierra de faraones” y una africana como “¡Hatari!”, la segunda mejor en su género después de “Mogambo”.

Howard Hawks, perfectamente identificable por sus parejas protagonistas (formadas por una mujer fuerte y atractiva y un macho a la antigua usanza), sus impecables diálogos y una dirección de esas que pasa desapercibida en su perfección, es uno de los cinco mejores directores de la Historia. Así lo prueba su filmografía.