El invitado

Uno de los grandes estrenos de la nueva temporada es “El invitado“, con un presupuesto de 85 millones de dólares y que en el primer fin de semana en Estados Unidos ha recaudado más de 40, un mundo en estos tiempos que vivimos. El filme, dirigido por Daniel Espinosa y protagonizado por Denzel Washington y Ryan Reynoldos, no está mal, sobre todo si queremos analizar los problemas que afectan al actual cine de Hollywood.

En esta película, los dos protagonistas forman un curioso dúo de agentes secretos: Washington es un renegado, Reynolds un principiante que espera un pronto ascenso. Los dos, cosas del destino, se ven obligados a aliarse para combatir a un malvado enemigo común. El problema es que el filme se toma a sí mismo demasiado en serio, y lo que podía haber sido un gran espectáculo de aventuras, peleas y persecuciones, se queda a medio camino por culpa de unos planteamientos éticos que tampoco tienen calado. Ni chicha ni limoná.

Asimismo, lo que comienza teniendo algún sentido, se pierde en los tópicos de siempre, aparte de que la película es crecientemente inverosímil, destacando una secuencia en un estadio de fútbol donde tiene que operar, según parece, un agente secreto que tiene detenido al traidor. Aunque peor es el final, donde hasta el entonces infalible asesino deja a uno medio vivo para que solo quede vivo el impecablemente bondadoso, el inmaculado.

Pero lo peor de toda esta película, al margen de ese montaje epiléptico tan de modaque impide ver absolutamente nada, es que Washington, una estrella de veras, se come con patatas a Reynolds, otro de estos astros de nuevo cuño que apenas brillan, que no tienen personalidad y que ni siquiera actúan. Así, uno no entiende por qué Washington no complace al público y le descerraja un tiro a la primera ocasión.

“El invitado”, hace 20 años, habría sido un correcta película de acción con gran capacidad crítica. Hoy no pasa de ser un telefilme donde los dilemas éticos parecen dibujados por un tierno infante adicto a Disney. Hollywood hace aguas por todos lados, pero sobre todo en las cuestiones creativas y en la elección de nuevos valores. En ese sentido, Denzel Washington se está convirtiendo en uno de los últimos dinosaurios.