Los Goya 2012

Este domingo se celebra la 26ª Edición de la entrega de los premios Goya en el Palacio de Congresos de Madrid. Nuestro cine vestirá sus mejores galas para promocionar unas películas que, paradójicamente, ya han cerrado su ciclo comercial, error motivado por la necesidad de estrenar antes de octubre si también se quiere competir por los Oscar. Supongo que ni siquiera la propia Academia Española de Cine cree que su ceremonia tenga ningún valor mercadotécnico.

¿Acaso tiene algún otro valor? El cine español anda muy alejado de su público natural, el nacional, pues solo seres extraordinarios como Pedro Almodóvar consiguen triunfar allende nuestras fronteras (1). Gracias a las subvenciones no les hace falta interesar a mucha gente, pero al fichar a un rostro televisivo como Eva Hache para presentar la gala de los Goya se ve que hay un mínimo interés en acercarse al pueblo, aunque la presunta humorista tampoco sea precisamente un ídolo de masas (2). Pero, supongo, la intención es lo que cuenta.

Lo curioso es que este año, entre las candidatas a mejor película, hay dos que habrían merecido mejor suerte en taquilla. Aparte de “La voz dormida”, que vuelve a remover la mierda de una guerra de ídem, y “La piel que habito”, “Blackthorn. Sin destino” y “No habrá paz para los malvados” son dos filmes muy por encima de la media de la mediocridad del cine español. Aquella es un digno intento de hacer algo diferente, y sólo rechina la siempre frágil presencia de Eduardo Noriega. El drama con aires de cine negro de Enrique Urbizu es una magnífica película con un José Coronado desbordante.

Pero como la gran mayoría de los españoles que acude a las salas suele tener alergia a cualquier cosa que huela a cine local, hasta las buenas películas tienen una taquilla modesta. Otra cosa es la auténtica españolada, como “Torrente”, “Fuga de cerebros” o “Promoción fantasma”, que gustan a adolescentes y jóvenes, que son taquilleras, y que por tanto poco tienen que decir en la elevada reunión anual de nuestros insignes cineastas. Y así seguirán las cosas mientras primen las subvenciones.

Lo más curioso de los Goya de este año es su patrocinador estrella. Aparte de TVE y Loterías y Apuestas del Estado, que lógicamente patrocinan lo que ya pagamos a partir de los presupuestos, este año se ha unido la presencia de Coca Cola Light. Es irónico cómo un cine que va de progre, que farda de lo lejano que se encuentra de Hollywood, acepte el dinero de la gran multinacional estadounidense que Billy Wilder escogió en “Uno, dos, tres” como representación paradigmática del capitalismo occidental. Aquí, supongo, lo mercadotécnico sí que tiene su importancia.

De nuevo llegan los Goya. Y habrá interesados en saber quién ganará los premios –hay gente pa tó–, muchos más que espectadores tuvieron las películas galardonadas. En cualquier caso, será tan solo un brillo fugaz de una industria (?) oscura, impopular, de un mundillo que genera más alergias que entusiasmos, más inquinas que aficiones. Si “No habrá paz para los malvados” hubiese sido una película inglesa, habría conquistado la taquilla. Pero los españoles no desean ver películas españolas, quizás porque están obligados a pagar entrada aunque no vayan a verlas.

(1) Almodóvar, de nuevo, triunfa, por lo menos en premios, en el mundo entero con “La piel que habito”; estoy seguro de que también ganaría aunque presentase un filme rodado en Super8 y con guión de un crío de 5 años, proyecto que en calidad superaría a su último largometraje. Su éxito es digno de una tesis doctoral en Empresariales y Sociología; su cine, de un estudio psiquiátrico sobre la androfobia.

(2) Aún no conozco a nadie al que le haga gracia Eva Hache.