Los mitos en el siglo XXI

Los mitos son consustanciales a la civilización. El humano necesita, por un lado, mitificar a personas reales para admirarlas y, por otro, tener personajes de ficción como fuente de entretenimiento y culto. En el siglo XXI perviven los mitos con notable pujanza, aunque ahora también se idolatren meras cosas: por ejemplo, las tabletas –la de Cristiano Ronaldo o el iPad– poseen poderes totémicos. En la ficción, a partir de Frodo, Harry Potter y, sobre todo, los superhéroes de cómic, el cine ha regresado a la mitología clásica para mostrarnos personajes “inmortales”.

Así ha llegado a nuestras pantallas “Immortals” –tal que así, con dos emes– supuesta recreación del mito de Teseo, aquí más cercano a Spiderman o Batman que al original heleno, a Perseo, Ulises o Hércules. Con una estética impactante –el director Tarsem Singh es un esteta impenitente– se narra una historia sin fundamento donde el héroe-mito salva a la Humanidad y a los dioses del Olimpo.

Esta película, a leguas de distancia del cine de Zhang Yimou, mezcla la acción pura con el alarde visual. Pero, cosas del siglo XXI, en un argumento donde los dioses conviven con humanos y titanes, el Minotauro se reduce a un homo sapiens gigantesco, fortísimo y salvaje, que simplemente lleva un casco con forma de cabeza de toro. Contradicciones de esta época de ignorancia, oscurantismo y ocio poco riguroso intelectual y creativamente.

Un mito del siglo XX que acaba de regresar a nuestras pantallas es el agente Smiley, la inmortal creación de John Le Carré. El espía serio, circunspecto e incorruptible, ya camino de la tercera edad, se enfrenta en “El topo” a un despiadado enemigo, “Karla”, que ha conseguido infiltrar a un agente doble en el servicio secreto británico. La acción, que transcurre en los 70, en plena Guerra Fría, muestra un drama de espionaje, trampas, secretos y mucha tensión dramática mientras el héroe-mito, un hombre de lo más normal, intenta salvar a su país y espera que su matrimonio no naufrague. En el siglo XX los personajes legendarios devinieron en algo cotidiano.

Las dos películas adolecen del mismo defecto. Alargadas por mor de su comercialización, son tremendamente lentas, morosas, a veces insoportables. No tiene sentido hacer filmes de dos horas cuando la trama no da ni para hora y media. La gran diferencia es que en “Immortals”, salvo Mickey Rourke y John Hurt, el elenco es plano, nada atractivo. Teseo, encarnado por Henry Cavill, mono pero sin ningún atractivo ni carisma, es un héroe de chichinabo.

En “El topo”, por el contrario, el elenco consigue salvar la película. Junto a Gary Oldman como Smiley, un grupo de maravillosos actores británicos –otra vez John Hurt, Colin Firth, Mark Strong, Toby Jones, etc. – consigue que la producción resulte completamente creíble y la tensión dramática se eleve sobremanera sobre el flojo y deslavazado guión.

En cualquier caso, estas dos películas nos devuelven dos mitos inmortales. Teseo y Smiley, cada uno a su manera, son personajes legendarios, admirables. Sin máscara, traje ajustado ni superpoderes, representan en pleno siglo XXI a unos seres humanos superiores que, por encima de todo, luchan contra las inagotables fuerzas del mal. La ficción, realmente, no necesita mucho más, pero, en cualquier caso, contenido y metraje podrían ajustarse de manera más adecuada.

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