Falsos mitos VII: Tom Cruise

Nunca me ha gustado Tom Cruise como actor. Pero hace 8 años, cuando vino a España para promocionar “El último samurái”, me sorprendió, en la rueda de prensa, encontrarme con un magnífico profesional que atendía cada una de las demandas de los periodistas y fotógrafos con una amplia sonrisa que daba la sensación de que estaba encantado de encontrarse con cada uno de los allí presentes.

El pasado martes, en “El hormiguero“, Cruise volvió a hacer alarde de su profesionalidad. Sin embargo, durante la corta entrevista que le hizo Pablo Motos, hizo varias menciones a las numerosas ideas que había aportado durante la producción de la cuarta entrega cinematográfica de “Misión imposible”. Y es que Cruise es de los que no sabe obedecer sin rechistar. Tiene que dejar huella en cada una de las películas que participa.

Cruise, que iba para sacedorte antes de que le naciese su vocación de actor, no estudió gran cosa para prepararse. Se limitó a mostrar su impecable sonrisa. Pero, a diferencia de Clark Gable, John Wayne o Gary Cooper, pronto se dio cuenta de que ser tan solo actor no iba con su espíritu evangelizador y siempre intentó sobreponer su condición de estrella a la labor de los demás profesionales. Cruise no es consciente de que el cine es un trabajo de equipo.

La filmografía de Tom Cruise es harto irregular. Para mí su mejor película es “Risky business“, cuando aún no era nadie. Otras que aprecio son “Rain man”, “El color del dinero” o “Collateral”. Y entre sus muchas infumables se encuentran “Valkiria”, las tres entregas de “Misión imposible”, “Nacido el cuatro de julio” y “Eyes Wide Shut”.

En cualquier caso, cuando se ve una película de Tom Cruise da la impresión de que siempre está haciendo el mismo papel, de que no actúa, y uno no puede evitar pensar que “La guerra de los mundos”, “Minority Report” o “Jerry Maguire” habrían sido mucho mejores sin su presencia. Es cierto que tiene carisma. Pero es un actor unidimensional, que no termina de convencer ni a mujeres ni hombres. Me pregunto qué habría sido de su carrera si su vida sentimental hubiera sido más tranquila o si tan solo hubiese salido y desposado a desconocidas.

Sin embargo, a mi entender, el peor efecto de Tom Cruise en el cine ha sido la de interferir activamente en la creación de cada una de las producciones en las que ha intervenido en los últimos 20 años. Desde “Cocktail” se ha creído con derecho de estrella para hacer y deshacer, para desarrollar sus personajes en su propio interés y en perjuicio de la película. Es el ejemplo paradigmático de  actor que quiere jugar a ser dios, aunque jamás se haya atrevido a dirigir ningún filme.

La intervención directa de las estrellas en la producción cinematográfica es una de las causas fundamentales de la decadencia cinematográfica. Cambian guiones, planes de rodaje, y muchas veces mandan más que director y técnicos. Por eso Pixar o auténticos creadores como Clint Eastwood son los únicos que siguen haciendo cine a la antigua. A pesar de que haya intervenido en alguna buena película, Cruise ha hecho más daño que bien a la causa. Además, es un actor bastante mediocre que, no obstante, da que hablar a las revistas del corazón.