Mitos de veras XVI: Max Steiner

Generalmente reducimos la grandeza del cine a actores y directores. Ignoramos a guionistas, directores de fotografía o artísticos, responsables del montaje, compositores, diseñadores de vestuario y decorados…. No es justo. Su labor es esencial para crear magia. Max Steiner quizás haya sido el creador más genial del cine. Para situarle, simplemente basta decir que fue el compositor de la banda sonora de “Lo que el viento se llevó”. Suficiente motivo para legitimar su eterno descanso en el Parnaso contemporáneo.

Nacido en Viena en 1888, fue un niño prodigio que recibió clases de piano con Brahms y estudió composición con Mahler. Terminó los ocho cursos de estudios de música en un solo año. Con 16 años compuso un musical que estuvo dos años en cartel. Más adelante emigró a Broadway, donde triunfó. En 1929, con la llegada del cine mudo, le llamaron de Hollywood, entonces dirigido por unos hombres que sabían lo que hacían. De ahí que en los años 30 y 40 se hicieran las mejores películas de siempre. A lo que contribuyó, indudablemente, Max Steiner.

Steiner participó en cientos de películas. A veces como compositor; en “King Kong”, por ejemplo, como si tratara de una ópera, decidió aplicar a cada personaje un leitmotiv musical diferente, lo que ocurrió por primera vez en el cine. Otras como director de orquesta. Otras, como arreglista, como en “Casablanca“: “As time goes by” no es una canción suya, pero la adaptación de la canción de Herman Hupfeld a los momentos más dramáticos del clásico son magia del músico vienés.

Compuso la música de más de 200 largometrajes –aparte de las ya citadas, destacan “El delator”, “La carga de la brigada ligera”, “El sueño eterno”, “Murieron con las botas puestas”, “El sargento York”, “El motín del Caine” o “Centauros del desierto”–. Además, colaboró con las departamentos musicales de otro par de cientos. De tal manera que Max Steiner, sin que apenas nos hayamos dado cuenta, contribuyó a crear la sintonía de nuestras vidas. Su genio consiguió que infinitud de títulos cinematográficos fuesen, más que buenos, inolvidables.