Mitos de veras X: Clint Eastwood

Aunque podríamos tratar su trayectoria como actor, esta entrega número 10 de los “mitos de veras” quiere hablar de Clint Eastwood como director, sin duda el más importante de los últimos 20 años y a la altura de John Ford, Howard Hawks y Billy Wilder.

Eastwood comenzó a dirigir en los 70, pero no fue hasta los 80 cuando rodó sus dos primeros grandes títulos: “El jinete pálido” y “Bird”. Ya en 1992, con “Sin perdón”, rozó el cielo al contar una historia de venganza y redención con una estética mayúscula. Cuatro años después nos regaló “Los puentes de Madison”, una maravillosa historia de amor imposible que cambió para siempre la imagen que teníamos del antiguo “Harry el Sucio”.

Ya en el siglo XXI, Eastwood hizo su “trilogía del alma”: “Mystic River”, una historia de dolor, venganza, fracaso y culpabilidad; “Million Dollar Baby”, obra gigantesca, incomparable, una historia de segunda oportunidades, reveses del destino y franca desolación; y “Gran Torino”, muestra perfecta del peso de la culpa y de la soledad con una última posibilidad de redimirse.

Esas son, a mi entender, las cinco obras maestras del director. Pero el resto de sus filmes de los últimos 20 años –“Un mundo perfecto”, “Poder absoluto”, “Ejecución inminente”, “Invictus”, “Más allá de la vida”, etc. – muestran a un realizador único, siempre hábil a la hora de elegir los guiones, siempre de otros, y más interesado en contar historias que en figurar en pantalla.

Tanta es la grandeza de Eastwood, tan descomunal su capacidad para adaptarse a cada guión para contar la trama de la mejor manera posible, que no deja huellas dactilares. Todas son películas magníficas, pero muy diferentes entre sí –solo algunas quedan lejanamente unidas por las bandas sonoras escritas por el mismo director–, porque lo más importante son los personajes.

Además, y ahí culmina su genialidad, el cine de Clint Eastwood es humano, reveladoramente humano. Desde que comenzó a dirigir, quiso retratar el alma humana en todos sus matices, especialmente en los más dolorosos, incluidos los más espirituales. Por eso sus filmes son tan mágicos y a la vez tan cercanos. Quizás también por eso en los últimos años la crítica haya comenzado a darle la espalda. Lleva demasiado tiempo metiendo el dedo en la llaga.