Lo contrario al cine

Como los canales de televisión están obligados a destinar un 5% de su facturación a producir películas, es lógico que las principales cadenas hayan creado sus propias productoras para que la cosa resulte lo menos onerosa posible. Asimismo, aprovechan y utilizan sus películas para promocionar a conocidos rostros televisivos, lo que consigue darle a todas sus producciones cierto aire de telefilme.

Lo contrario al amor”, película costeada por Antena 3 Films –y por Canal +, el Ministerio de Cultura, la Generalitat, etc.– prometía ser algo diferente: chica conoce a bombero después de haberse acostado con dos de sus colegas. Pero al final no es más que otra película española que adolece de los mismos vicios que suelen caracterizar al cine nacional, a los que une algunos importados de fuera.

En primer lugar, el filme se ha dejado en las manos de Vicente Villanueva, cineasta algo conocido por un par de cortos, pero que aquí debuta como director de largometrajes. El proyecto le queda grande. Primero, porque desarrolla un guión propio que ha escrito sin ayuda y el planteamiento inicial deviene en algo tan previsible que resulta paródico. Segundo, porque no sabe elegir los planos –alguien debería recordar que los artistas tienen perfiles buenos y malos, y aquí Adriana Ugarte aparece más fea de lo que es– ni montarlos, ni dirigir al equipo técnico ni artístico. Aunque haya una televisión comercial detrás, se ha dejado a Villanueva ser “el autor” cuando aún no tiene la experiencia suficiente.

Además, el filme, ocultos entre la presunta comedia, introduce varios temas espinosos –la drogadicción, la homofobia de los homosexuales reprimidos, la fama vacua y adictiva, la inmadurez de una generación…– pero los trata con tanta superficialidad que resultan vergonzosamente vacuos –¿hasta qué punto lo políticamente correcto es importado o meramente asimilado?–. Al final la peli se centra en la relación principal –por otra parte increíble y estresante, en cuanto formada por dos personajes nada atractivos, incluso repelentes– y olvida cerrar muchas de las tramas o recursos propuestos, al tiempo que deja sin construir a los personajes y carece de un final auténticamente dramático.

La película está mal hecha en todos sus apartados; pero destacan por pésimas las interpretaciones de los distintos actores y actrices. Salidos de la tele, sin formación, siguen ese espíritu “naturalista” de actuar poco para parecer normales, y así se asemejan a adolescentes participando en una función teatral de colegio. Hugo Silva, por ejemplo, con presencia para ser estrella, apenas vocaliza, no proyecta su voz, apenas modula los tonos para adecuar sus palabras a sus estados de ánimo (1). De Ugarte y los secundarios… mejor no decir nada.

Antena 3, obligada injustamente por ley, se ha puesto a producir largometrajes. Eso parece a primera vista. Pero lo que ha hecho es no cambiar nada en el deplorable panorama del cine español y crear un título que vaciará salas y tendrá un mediano éxito cuando se proyecte en la pequeña pantalla. Los actores tienen asegurada su continuidad televisiva. Y Vicente Villanueva seguro que dirigirá bastantes más títulos cinematográficos. Así seguirán las cosas mientras el cine español no necesite ser rentable.

(1) Se cumplen diez años de la muerte de Paco Rabal, otro de esos actores españoles que fue curtiéndose y mejorando con el paso de los años. De joven no fue un gran intérprete. Con la edad se convirtió en un icono, y bordó algunos papeles como en “Juncal” o “Truhanes”. Lo que siempre dominó Rabal, como Fernando Fernán Gómez, José Sacristán, Fernando Rey y muchos otros de su época, fue su magnífica voz. Hasta se le entiende cuando hace de Azarías en “Los santos inocentes”. España, hasta hace bien poco, tenía actores.