Mitos de veras IV: Katharine Hepburn

Después de haber ganado un Oscar por su papel en “Gloria de un día” y de protagonizar uno de los grandes éxitos de siempre, la mejor versión de “Mujercitas” –aquí estrenada bajo el título de “Las cuatro hermanitas”– Katharine Hepburn comenzó un lento declive. Por un lado, se mantuvo al margen del “juego” de Hollywood: llevaba pantalones en lugar de falda, no se maquillaba y no ofrecía entrevistas. Por otro, varios de sus filmes fracasaron en taquilla, incluido la genial “La fiera de mi niña”. Los productores la consideraron entonces como una actriz que repelía al público.

Hepburn, siempre independiente, fuerte, única, se largó a Broadway, donde triunfó con una obra cuyos derechos cinematográficos compró y que le dio un nuevo triunfo en la gran pantalla: “Historias de Filadelfia”. Esta “niña-bien” tuvo que luchar para superar las trabas de la meca del cine y, sin renunciar nunca a su muy marcada y arrolladora personalidad, tras regresar se convirtió en la “Primera Dama” del séptimo arte.

Tanta fue su fuerza y su estrella que hasta se le “permitió” mantener una relación tan “escandalosa “como la que le unió al casado Spencer Tracy, por otra parte su mejor pareja fílmica, como demuestran “La costilla de Adán” o “La mujer del año”.

Katharine Hepburn fue una mujer ejemplar. Como actriz no tiene parangón, porque pocas estrellas han sido tan aptas para todos los géneros como ella. Pero sobre todo, fue un rostro inolvidable que, sin tener la belleza de Ava Gardner o Lauren Bacall, era capaz de enamorar a hombres y seducir a mujeres al tiempo que era una constante reivindicación del feminismo mejor entendido. No hay, contando también a los actores, ningún rostro que defina mejor el séptimo arte. Aparte, fue una luchadora irrepetible que abrió camino a colegas y a la Humanidad al completo.

Una leyenda inolvidable. El mito de los mitos.