Hijos de SNL

“Saturday Night Life” es un conocido programa de la televisión estadounidense que, durante décadas, ha descubierto a numerosos cómicos que en muchos casos, también han sabido escribir sus propios gags. “SNL”, las siglas del invento, nació con gran brillantez en los 70 y, durante la siguiente década, nos regaló algunos genios de la comedia, como Bill Murray o John Belushi, y otros cómicos algo menores pero cuya filmografía contiene algunas joyas inolvidables, como Eddie Murphy, Dan Aykroyd o Billy Crystal.

Con el paso de los años “SNL” perdió fuerza, originalidad y humor, e incluso la capacidad de elegir a buenos cómicos –dejó escapar a Steve Carrell tras perder en una prueba frente a ¡“Will Ferrell”!–. El declive comenzó con gente como Mike Myers, con talento pero excesivo, y culminó, valga la contradicción, con inescrutables misterios tan aburridos como el citado Ferrell, Adam Sandler o Tina Fey –a la que, no obstante, se le perdona todo por su parodia de Sarah Palin–. Quizás debido a que con el tiempo todo ha devenido en mediocre, quizás porque los tratados sobre el humor han desplazado al talento, quizás porque nos hemos vuelto más exigentes, lo cierto es que “SNL” es un programa decadente y plomizo, salvo el noticiario conducido por Seth Meyers.

Aun así, “SNL” mantiene su capacidad para encontrar, de manera ocasional, cómicos de primer nivel. Como Kristen Wiig, cuya carrera cinematográfica sólo está comenzando a despuntar cuando ya tiene casi 40 años. Hace unas semanas mencioné su divertidísimo papel en “Paul”. Ahora vuelve con “La boda de mi mejor amiga”, de la que además de protagonista es coguionista y máxima impulsora. Así, Wiig, a su evidente vis cómica, une talento para escribir humor.

La boda de mi mejor amiga” es una muy buena comedia. Cuenta una historia un tanto arquetípica, muy previsible, construye unos cuantos personajes que no son sino las meras traslaciones femeninas de las comedias groseras de machitos en celo, se resiente enormemente de su demasiado largo metraje –otra vez se superan las dichosas dos horas de duración– pero es un espectáculo dignísimo que entretiene y, sobre todo, hace reír abiertamente en más de una docena de ocasiones, sobre todo con un par de gags memorables, como el de la intoxicación alimenticia o el intento continuado de llamar la atención de un agente de policía.

Wiig, una aparición fresca y esperanzadora, es el cimiento de esta película. Gracias a ella todo tiene más gracia, gracias a ella podemos esperar algunas futuras buenas comedias. Otra cosa es ponernos a analizar hacia dónde camina el humor actual: se enseña más que se sugiere –¿es más divertido mostrar un vómito que sugerir a alguien potando?–, se recurre a demasiados tópicos y la vieja guerra de sexos resulta un tema agotado y repetitivo. Aun así, Wiig logra salvar el invento.

“La boda de mi mejor amiga” es una película muy recomendable, no para toda la familia, por sus muchos chistes y comentarios de humor verde y grosero. Para los tiempos que corren, es uno de los mejores títulos de la cartelera. Kristen Wiig promete mucho si la siguen dando oportunidades en el cine. Pero, en cualquier caso, también demuestra que el humor de “SNL” y aledaños era mucho mejor hace 30 años. “Granujas a todo ritmo” es un clásico, cosa que “La boda de mi mejor amiga” nunca será.