Extraterrestres

Hay gente, mucha, que aún piensa que los extraterrestres no existen. La prueba definitiva no es la vieja explicación de que sólo unos aliens pudieron construir las pirámides egipcias y mayas, las líneas de Nazca, Stonehenge… No, tal y como van las cosas, la existencia y presencia de seres de otro planeta resulta más probable, admisible y comprensible que las noticias económicas y políticas con las que tenemos que convivir diariamente.

Acaba de llegar a nuestras pantallas, tres meses más tarde que al resto del mundo –los aliens no pueden estar en todas partes al mismo tiempo–, “Paul”, filme que cuenta la historia de dos pobres diablos obsesionados con todo lo extraterrestre que comienzan a realizar una ruta turística por los alrededores de la “Zona 51”. En el camino se encuentran con Paul, divertido alien que les embarca en un viaje de lleno de aventuras mientras les persiguen paletos, fundamentalistas religiosos, agentes del gobierno y otras fuerzas “oscuras”.

El filme, dirigido por Greg Mottola pero liderado por la pareja de cómicos británicos Simon Pegg y Nick Frost –los mismos de “Zombies party”, donde el pub de toda la vida de convierte en su peculiar refugio anti muertos vivientes–, es una pequeña delicia, una grata sorpresa en un mundillo donde todo resulta tan previsible, sobre todo en este verano donde hay más superhéroes que películas. En este sentido, “Paul” parece una película de otro planeta.

En torno a Pegg y Frost, que tienen más gracia en inglés que en español, se han aglutinado una serie de secundarios realmente extraordinarios –da gusto ver a Kristen Wiig de pueblerina tuerta o a Sigourney Weaver de sofisticada enemiga de Paul con claros tintes de bruja malvada– que, en conjunto, construyen un monumento al buen humor. El hábil guión, junto a la acertada dirección, los correctos efectos especiales y las bonísimas interpretaciones convierten esta película en uno de los mejores estrenos del verano.

Hace unos veinte años, antes de la invasión de los extraterrestres, “Paul” no habría pasado de ser una película menor. Ahora contiene una fuerte capacidad crítica contra esta sociedad plagada de supersticiones, freakies, incultura y conspiraciones gubernamentales que, si no existen, parecen hacerlo. “Paul” hace reír y entretiene con un extraterrestre que parece mucho más real que una simple creación por ordenador.

“Paul”, incluso, sirve para recuperar la fe en la propia Humanidad. Aún existen creadores que se mueven al margen de las modas establecidas y los modos imperantes. Todavía queda margen para la originalidad. Lo que no sé es si los aliens sirven para que seamos cada día más planos o para todo lo contrario.