Falsos mitos (III): DiCaprio

Desde siempre han existido estrellas juveniles que, no obstante, al crecer no han conseguido tener una carrera exitosa. Leonardo DiCaprio, por fortuna para él pero lamentablemente para los amantes del buen cine, no es uno de ellos. Tras pasar por “Los problemas crecen”, los megaéxitos “Romeo y Julieta” y “Titanic” le convirtieron en la gran estrella que aún sigue deleitando muchos y aburriendo a otros. Sus escasos recursos interpretativos le han llevado a ser un actor exagerado, siempre excesivo, demasiado forzado como para ser creíble. A mi entender, sus carencias como actor han conseguido que sus películas sean peores de lo que podrían haber sido.

Titanic”, mucho brillo y poco contenido, fue nominada a casi todo; ni el guión ni DiCaprio lo fueron. Scorsese, mucho peor en la última década que en el siglo pasado, parece obsesionado con DiCaprio, lo que sin duda afecta a la calidad de sus películas. El actor, como digo siempre exagerado, tan solo es capaz de fruncir el entrecejo, andar encorvado para ganar en presencia –gesto copiado de James Dean, del que ya hablaré– y mostrar únicamente furia o confusión –también sabe hacer de tarado, pero eso no es tan difícil como parece–, nunca al mismo tiempo.

La principal prueba de que DiCaprio no está a la altura es que por lo general se lo comen sus compañeros de reparto. Uno no entiende por qué Claire Danes pierde fortuna y vida por él en “Romeo y Julieta”; como ocurre con Kate Winslet en “Titanic”. En “Gangs of New York” uno desea durante casi tres horas que se lo cargue Daniel Day-Lewis. Tom Hanks, literalmente, se lo come con patatas en “Atrápame si puedes”, como Jack Nicholson en “Infiltrados” o Ellen Page en “Origen”. Este actor, con sus escasísimos recursos interpretativos, nunca está a la altura de sus rivales de pantalla, ni mucho menos a la de su filmografía, llena de títulos taquilleros o/y de calidad –su capacidad para elegir guiones está fuera de toda duda–.

Pero no le hace falta compañía para cargarse producciones enteras. En “Shutter Island” o “El aviador” DiCaprio, con su enorme carisma que atrae a quinceañer@s crecid@s pero que adolece de una enorme vaciedad como actor, consigue arrebatar, con su falta de verosimilitud, la tensión dramática a ambas películas. En “Diamante de sangre” es imposible creérselo como intrépido aventurero. Y en “Red de mentiras” es capaz de contagiar al mismísimo Russell Crowe, ambos devorados por el siempre soberbio Mark Strong.

No hay nada más subjetivo que la opinión de uno sobre las capacidades interpretativas de una gran estrella. Que Scorsese, Nolan o Spielberg hayan sucumbido a las cualidades de DiCaprio es un argumento que seguramente invalida todo lo que he escrito. Pero, creo, dentro de varias décadas sus películas serán repuestas durante la sobremesa, como filmes que pudieron ser grandes y devinieron en telefilmes.

El viejo ídolo de las quinceañeras de los 90 es de las pocas estrellas capaces de llenar salas sin mayor reclamo. Eso siempre es bueno para el cine. Pero, para los que lo amamos, su falta de recursos impide que haya hecho una película redonda precisamente por sus mediocres habilidades como intérprete. Cualquiera de las películas mencionadas habría sido mejor con algún otro actor. Pero claro, DiCaprio es el tuerto entre los ciegos Wahlberg, Butler, Damon o McGregor. ¡Qué tiempos aquellos en que había actores como Gable, Cooper, Stewart, Wayne, Bogart o Grant!