Falsos mitos (II): Hitchcock

A Alfred Hitchcock no le gustaban los rodajes. Le encantaba todo lo que tenía que ver con los preparativos de una película, con la elección de las estrellas –especialmente de las rubias–, con los últimos retoques del guión… pero durante el rodaje sentía una pereza enorme, lo que quizás explique sus numerosos guiños humorísticos improvisados en el último momento. Por esta razón sus películas son enormemente irregulares: mezclan algunas de las mejores escenas de siempre con secuencias menores, en ocasiones verdaderamente chapuceras.

Por ejemplo, “Con la muerte en los talones”, construida sobre un impecable guión, contiene algunas secuencias inmejorables, como la de la avioneta en los campos de cereales o la de Naciones Unidas. Pero el resto del filme, sobre todo el final con la pelea en el Monte Rushmore, parece rodado por un aficionado. Así, el producto final está lleno de altibajos, lo que quita gran verosimilitud al conjunto.

Además de por esta razón, si Hitchcock no me parece tan grande como a la inmensa mayoría se debe a tres factores clave:

- Siempre estuvo muy interesado en las innovaciones técnicas. Por eso sus películas se rodaban con los mejores medios de la época, incluso estuvo a punto de rodar en 3D “Los pájaros”. Por esa razón la estética, el look de sus películas, se ha quedado tremendamente anticuada. Como le sucederá a James Cameron dentro de medio siglo. Por eso mismo me gustan mucho más sus películas en blanco y negro, sobre todo las de su primera etapa inglesa.

- A Hitchcok se le suele otorgar el título de maestro del suspense. Sin embargo, sus escenas de tensión suelen ser lentas, más aburridas que intensas. Por ejemplo, “La ventana indiscreta” juega con unas claves que, en su segundo visionado, terminan siendo agotadoras.

- Hitchcock fue un pésimo director de actores. Tan solo James Stewart y Cary Grant aguantan el paso del tiempo sin resultar absolutamente forzados, y eso que ninguno de sus mejores papeles se encuentran entre la filmografía que realizaron a las órdenes del director inglés. Las malas interpretaciones de las actrices son paradigmáticas, y tienen casi todo que ver con la obsesión del cineasta por elegir rubias monas, elegantes y gélidas.

De todas maneras, Hitchcock firma algunas de las mejores películas de siempre: “Atrapa a un ladrón”, “Extraños en un tren” o “Encadenados” son películas casi redondas. Luego, escenas como la de la ducha de “Psicosis”, el “reencuentro” de “Vértigo”, la citada de “Con la muerte en los talones” o el concierto de “El hombre que sabía demasiado” justifican que sus filmes no sean olvidados. Pero creo que, siendo tan irregular y chapucero en la mayoría de sus filmes –sobre todo los más celebrados por crítica y público–, no es de rigor que su nombre se coloque a la altura de Ford, Hawks, Wilder, Lubistch, Mankiewicz y demás genios del Olimpo de la cinematografía universal.

Nota: la semana pasada comencé esta sección que trata sobre aquellas figuras del cine que estimo sobrevaloradas y que, en muchos casos, han ejercido una influencia nefasta sobre el séptimo arte. Como todo lo que escribo, sólo muestra mi opinión, que no es mejor ni peor que la de nadie. Es una simple opinión. No estar de acuerdo con lo que digo es sano, lógico, recomendable. Insultar al que no piensa igual que uno demuestra que, por ejemplo, la pésima influencia de Tarantino no sólo se limita a la gran pantalla.