Dylan y el 15M

“Estoy hecho un lío,/colega, me está matando ver/ que hay demasiada gente/ tan difícil de contentar”.

El pasado martes Bob Dylan cumplió 70 años. Hemos de celebrar al genial músico de Minnesota por su indudable influencia en el último tercio del siglo XX. Si como cantautor es sin duda una de las figuras más sobresalientes de la Historia del pop-rock, como poeta es seguramente el más escuchado, leído y venerado desde Shakespeare. Sin sus letras no se podría entender muchas de las canciones de los Beatles, Who, Led Zeppelin, etc. ni muchas de las cosas que han ocurrido internacionalmente desde que se dio a conocer al mundo.

Dylan es un bardo único. Personalmente, prefiero sus canciones de amor, como “I want you”, “If you see her, say hello” o “Sara”, llenas de un lirismo emotivo y contagioso, de metáforas sensacionales, de frases magníficas donde en la brevedad de un verso cabe un universo. También son memorables sus himnos a la derrota, como “Like a rolling stone” o “Desolation row”. Pero Dylan saltó a la fama y sigue siendo conocido por sus canciones protesta, como “Blowing in the wind” o “With God in our side”. Precisamente, una de sus mejores letras es la de “A hard rain´s a-gonna fall”, que concluye:

“Me iré otra vez antes de que empiece la lluvia/ penetraré en las profundidades del negro bosque más profundo/ donde hay demasiada gente sin nada en las manos/ donde balas de veneno enturbian sus aguas/ donde la casa del valle se encuentra con la sucia y húmeda prisión/ donde el hambre es horrible y las almas se olvidan/ donde el negro es el color y nada es el número/ y lo contaré y lo pensaré y lo diré y lo respiraré/ y lo reflejaré desde la montaña para que todos puedan verlo/ y me levantaré sobre el mar hasta que comience a hundirme/ pero conoceré mi canción antes de comenzar a cantar/ y será implacable la lluvia que caiga”.

Estas canciones surgieron en plenos 60, en un mundo que cambiaba y que, en medio de mil movimientos pendulares, culminó en las pérfidas majaderías del Mayo del 68 francés y la refrescante Primavera de Praga. Cuando observo a los “indignados” del movimiento 15M, me resulta imposible no pensar en Bob Dylan. En esta heterogénea protesta parece indudable la buena voluntad. Pero surge una enorme compasión cuando uno se detiene a pensar en su falta de cimientos intelectuales. Salvo “Indignaos”, el panfleto de extrema izquierda y antisemita de Stephane Hessel, apenas hay ideas de peso tras las reclamaciones de los ciudadanos españoles que reclaman una “Democracia Real Ya”. Sus reivindicaciones son tan obvias y generalmente aceptadas como poco concretas.

Todos deseamos una democracia más representativa, la separación efectiva de los tres poderes y un mayor control de las cuentas públicas. Es más, a algunos nos sorprende que aún no exista nada de eso en España y que la mayoría se deje llevar por unos partidos políticos que buscan más la colocación de los propios que el bienestar de la totalidad de los representados. Esto es un disparate sin sentido. Pero, si queremos que triunfe de veras la ciudadanía, hace falta una mayor coherencia en las ideas, más sentido común y un poderoso rigor intelectual para defender el bien frente a los malvados.

Cuando observo al movimiento 15M, mi ilusión ante sus buenas intenciones pasa inmediatamente a la compasión por su falta de claridad en ideas y propósitos. Tenemos un sistema insostenible entre manos, y nadie parece querer verlo. ¿O no podemos? Llevamos décadas despreciando la educación y España se ha constituido en una sociedad ignara incapaz de tener un mínimo sentido de comunidad, fraternidad, mucho menos de lo que significa, con todas sus responsabilidades, el concepto libertad.

Bob Dylan ha creado piezas sublimes llenas de fondo, plenas de forma. Gracias a sus muchas lecturas, no es un poeta fácil; para entenderle hay que tener un mínimo bagaje cultural. La gente es capaz de emocionarse con sus melodías, pero muy pocos son capaces de meditar después de escuchar o leer sus letras. Dylan, como casi todo lo que ocurrió en los 60, con el paso del tiempo han devenido en utopía. Nadie podía imaginar en 1964 que “The times they are changing” iba, con el tiempo, a convertirse en elegiaca ironía:

“Se ha trazado la línea/ la maldición está echada/ el lento de ahora/ será después el rápido/ y el presente de ahora/ será después el pasado/ el orden se desvanece velozmente/ y el primero será el último/ en la época que ellos están cambiando”.

Si queremos una auténtica democracia, comencemos por cambiar el sistema educativo para que todos, cuando menos, puedan entender a Bob Dylan, ilustre septuagenario, maestro compositor, inimitable poeta.

Mientras tanto, tendremos que seguir esperando en “Desolation row”.

dmago2003@yahoo.es