Los piratas de Cannes

piratas del caribeCuenta la leyenda que, en la Antigüedad, Cannes sirvió de refugio a unos piratas que aterrizaban las costas de Liguria, Massalia y Ampurias. Hoy en día, su festival de cine es lo máximo. Durante días, estrellas de cualquier pelaje desfilan por la Croisette mientras prensa y crítica les rinden pleitesía. Cannes es tan grande que premia a directores minoritarios como Terrence Malick, cautiva a divos como Pedro Almodóvar y da cuartel a lenguaraces como Lars von Trier que, después de reconocer sus simpatías por Hitler, fue expulsado del certamen para, desde su casa, reconfortarse con el premio que Kirsten Dunst ganó por protagonizar su filme “Melancholia”.

En el Festival de Cannes todo es posible. Recuerda a Disneyworld, un mundo mágico donde, hará veinte años, descubrí una soporífera atracción sobre unos piratas hoscos, juerguistas, bullangueros y aptos para todos los públicos. Los mismos que sirvieron como fuente primaria para la saga cinematográfica de “Piratas del Caribe”, cuya cuarta entrega, precisamente, fue recibida con todos los honores en el Festival de festivales.

“Piratas del Caribe: En mareas misteriosas” recupera lo plomizo de la saga. Estos filmes, que parten de la nada, son grandiosamente vacuos, o vacuamente grandiosos. Ahora, el pirata Jack Sparrow –un histriónico Johnny Depp antónimo del contenido Eduardo Manostijeras– navega en busca de la Fuente de la Juventud, la misma que llevó a Ponce de León a encontrar, en su lugar, La Florida. Sparrow, aparte de por el Barbosa de Geoffrey Rush, viaja acompañado por una pirata con la cara y los gestos de Penélope Cruz –algún día entenderé su éxito– y por Barbanegra, interpretado, ahora sí, por el magnífico Ian McShane.

Este filme muestra lo peor del cine actual. Sin un guión propiamente dicho, pues no hay tensión dramática ni nada que se le parezca, todo está calculado al milímetro: los sustos para no sorprender ni asustar a nadie; los efectos especiales para maquillar de oropel una auténtica baratija; cuando comienza a decaer el interés, a menudo, hay alguna escena de acción mal rodada o algún chiste fácil; también hay enorme mesura en el manejo del erotismo, en el maniqueísmo de los personajes, en las trampas argumentales, en todo menos en una estética feísta que sin embargo parece agradar a un público que se contenta con poco, aunque durante muchos minutos. Todo lo contrario del chiste de “Annie Hall”.

Piratas del Caribe 4

Lo sobresaliente de la saga “Piratas del Caribe” es que, a pesar de su endeblez, tiene un enorme éxito de público. William Goldman afirmaba que nadie sabe nada de cine. Esta serie lo demuestra. Cuando vi esta cuarta parte –a veces este oficio es altamente sacrificado– por primera vez en muchos años hubo más anuncios convencionales que trailers de otras película. A pesar del exorbitante precio de una entrada 3D la sala estaba considerablemente llena. Aquí hay dinero. Mucho.

Por eso Penélope Cruz y Johnny Depp acudieron a Cannes a presentar el filme. Lo de menos es que se oyesen algunos pitos tras su proyección. El día que más brilló la Croisette fue el día que aparecieron fulgurantes dos de las más grandes estrellas del cine más comercial de Hollywood. Otra cosa es que luego, en plan pirata, nos intenten hurtar su auténtica condición con premios a películas que, eso sí, no se llevarán la palma en taquilla. ¿Cuántos vamos a ver un filme tan solo por haber sido premiado en Cannes?