Sigue siendo el rey

En “El sargento York” ves a un verosímil paleto humilde y disoluto convertirse en el perfecto héroe de guerra estadounidense, aspecto marcial que también borda en “Tres lanceros bengalíes” y “Beau Geste”. Ese mismo hombre, ese mismo rostro, se convierte en un ingenuo e inocente profesor en “Bola de fuego”. Es todo fuerza de carácter y voluntad en “El manantial”. En “Ariane”, su enorme atractivo elimina la considerable diferencia de edad con Audrey Hepburn y el público se alegra de que terminen juntos a pesar de las protestas de unos cuantos mojigatos ciegos. Al final de “Solo ante el peligro”, se quita su estrella de sheriff, la tira al suelo, la pisa con parsimoniosa energía y, al pueblo de cobardes que no le merece, lanza la mirada de desprecio más famosa de la historia del cine.

Este 13 de mayo se cumplen 50 años de la muerte de Gary Cooper, la mayor estrella de todos los tiempos. En parte por su aspecto, que enamora a las mujeres y le convierte en modelo a imitar por los hombres. En parte por sus capacidades interpretativas. Pero sobre todo por su variadísima y magnífica filmografía. Pocos actores han tenido tal versatilidad, capaz de convertirle en el paleto más auténtico, en el académico más ilustre, en el vaquero más rudo, en el arquitecto más genial, en el militar más valiente, en el hombre más real, más heroico y cercano al mismo tiempo.

De buena familia, dice la leyenda que estudió en colegios ingleses y practicó equitación. Ganó su primer dinero como caricaturista de un periódico. Luego viajó a Los Angeles y pronto atrajo la mirada de Hollywood. A partir de ahí, la más fulgurante, exitosa y prestigiosa carrera del séptimo arte. Su falta de preparación como intérprete la compensó con sus dotes naturales y una inmensa capacidad de trabajo. A las que unió su inteligencia (1): en los años 30 se convirtió en el actor mejor pagado al cobrar 150.000 dólares por película, cifra que dobló en la siguiente década; cuando su carrera parecía que comenzaba a declinar, firmó por sólo 60.000 dólares más un porcentaje de los beneficios por “Solo ante el peligro”, que le relanzó y le valió un Oscar. Luego, llegó incluso a cobrar medio millón de dólares más un 10% de la recaudación por protagonizar “Veracruz”.

Ha habido otros actores con carisma tan descomunal como el de Gary Cooper: por ejemplo, Clark Gable, Cary Grant, John Wayne o Humprhey Bogart. Seguramente los haya habido bastante mejores, aunque no tan naturales. Y James Stewart, cuando menos, fue tan versátil como él. Pero si Gary Cooper es la mayor estrella masculina de siempre se debe a que nadie tiene, ni por aproximación, una filmografía tan completa y apetecible: la mayoría de sus más de 100 películas son, cuando menos, entretenidas, a menudo excelentes.

A las ya citadas se pueden unir maravillas como “Ahora y siempre”, “El secreto de vivir”, “La octava mujer de Barba Azul”, “Policía montada del Canadá”, “Juan Nadie”, “El orgullo de los yanquis”, “La gran prueba” o “El árbol del ahorcado”, tan solo por citar algunos de sus mejores filmes. Trabajó con los más grandes directores (2), en casi todos los géneros. Por supuesto que hizo algunas películas algo flojas, que fracasó alguna vez en taquilla. Pero en general no hay ninguna carrera tan extensa y excelsa –la filmografía más cercana, seguramente, sería la de James Stewart–. Si a eso unimos su inigualable magnetismo y sus magníficas dotes interpretativas, podemos afirmar que Gary Cooper, 50 años después, sigue siendo el rey. Por encima incluso de Elvis, valga el exabrupto.

(1) Cooper, sobre todo a partir de los 40, anduvo en líos con productoras propias y ajenas. A eso se une una alocada vida sentimental que colocó su legado en una complejísima maraña de intereses cruzados. Por eso resulta difícil encontrar muchas de sus películas. ¡Lástima!

(2) Una curiosidad: nunca rodó un largometraje a las órdenes de John Ford.

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