Vaciando salas

Siempre han existido cómicos que, bien por localistas o intraducibles, bien por enigma irresoluble, jamás han tenido éxito más allá de las fronteras de su país de origen. Nunca he entendido, por ejemplo, el éxito de “Los tres chiflados”, ni me hicieron gracia las muecas de Red Skelton o Bob Hope. Asimismo, Totó me aburre, como los excesos histriónicos de Alvaro Vitali o Roberto Benigni, aunque en Italia se les considere burdos remedos de Aristófanes. Claro que los extranjeros dirán cosas semejantes de Santiago Segura, Pajares o Esteso.

El problema con el cine estadounidense, tan todopoderoso, es que estamos indefensos ante lo peor de su humor. Steve Martin hizo una lamentable recreación del inspector Clouseau en el remake de “La pantera rosa”, y deprime pensar que tuvo bastante éxito en las taquillas españolas. Aunque lo compensa el habitual fracaso de las películas de Chevy Chase, Jim Belushi, Ben Stiller o Will Ferrell.

Entre todos estos comicastros sin gracia destaca, por antipático, Owen Wilson. Aún no he encontrado a nadie a quien le guste este presunto humorista, que no actúa pero escribe guiones y, según cuentan, improvisa en los rodajes logrando así los mejores gags de sus filmes, labor no tan complicada. Wilson menudea en la peor comedia estadounidense, lo que agrava aún más la crisis de un género en franca decadencia.

Acaba de llegar a España “Carta blanca”, protagonizada por el propio Wilson y Jason Sudeikis, otro de esos cómicos que nos recuerdan que “Satuday Night Life” fue, hace décadas, una buena cantera de humoristas. El filme lo dirigen los hermanos Farrelly, aquellos gamberros que entraron en el negocio como un terremoto gracias a “Dos tontos muy tontos” y “Algo pasa con Mary”, donde la escatología dio un salto hacia el arte y la grosería un triple mortal hacia la vergüenza propia.

Los Farrelly, en su día, fueron capaces de controlar mínimamente las muecas de Jim Carrey; con Wilson han fracasado. Los Farrelly no son lo que fueron: quizás por madurez, quizás porque el exceso siempre termina cansando, lo cierto es que sus películas son ahora convencionales, simplemente traviesas, y no se diferencian demasiado de otras comedias de “hombres salidos” al uso.

En “Carta blanca” cuentan la historia de dos hombres de mediana edad a los que sus esposas dan una semana de completa libertad para que cumplan sus fantasías más rijosas. La premisa tiene su gracia. No así la puesta en escena, a pesar de que el guión tiene sus aciertos y de que la pareja femenina –las televisivas Jenna Fischer, cautivadora, y Christina Applegate, apergaminada– está muy acertada. El filme resulta pesadísimo por culpa de los dos protagonistas. ¿Alguien se cree que esas dos encantadoras chicas al final continúen con esos dos cretinos integrales?

Porque lo que hace Owen Wilson, aquí fielmente secundado por Sudeikis, es convertirse otra vez en el más indeseable de los actores de Hollywood. Sin carisma, sin vis cómica, sin recursos interpretativos, consigue siempre, además de irritar a los demás personajes de la película, que el espectador termine detestándole. De veras. Sin humor. Enigma enorme es que goce de tanta fama y haga tantas películas.

Tanto poder comienza a tener este actorcillo que protagoniza el próximo estreno de Woody Allen, “Midnight in Paris”, lo que no se sabe si por fin salvará al actor o enterrará definitivamente al caduco director neoyorquino. Y ese es sólo el primero de otros cuatro estrenos del próximo año donde Wilson tiene enorme protagonismo. Luego se extrañan de que las salas se vayan vaciando paulatinamente. Si el reclamo es este, y su presencia es aún peor de lo presentido, el futuro del cine es muy poco halagüeño.

P.S.: Parece ser que, Pixar mediante, la comedia ha muerto definitivamente. Los Farrelly, de corto genio, ya agotado, están rodando un remake de “Los tres chiflados”. Para echarse a temblar.

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