Sabato

Hubo un tiempo, una Edad de Oro anterior a Maradona o Messi, más brillante que el cine de Campanella o Fabián Bielinski, en que Argentina regaló al mundo un póker de ases literarios. En ese época, tan feliz para el mundo, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Ernesto Sabato escribían obras maestras, pensaban, creaban, incluso polemizaban entre sí para dar más brillo a una de las páginas más memorables de la Historia de las Letras.

Acaba de morir Sabato; con él se cierra esa página gloriosa de la historia argentina, de la literatura mundial, de la lengua castellana. Sabato, aparte de ejemplar ser humano comprometido con su tiempo, dolorido con su entorno –poca gente ha hecho tan tuya la frase de Camus: “tristeza de la condición común, y la tragedia de no poder escapar de ella” – y escéptico con el futuro, fue un escritor mayúsculo que, como novelista, sólo dejó tres obras que, no obstante, suponen una cúspide difícilmente igualable.

“El túnel” es una novela corta, de intensa lectura, juego psicológico-policiaco con tintes existencialistas que deja sin aliento a todo aquel que se atreva a abrirla, un libro accesible para casi todos. “Abaddón el exterminador” es un juego literario de discontinuidad narrativa, una obra maestra que, no obstante, es de complejísima lectura.

Pero si Sabato está destinado a permanecer en el acervo cultural mundial es por “Sobre héroes y tumbas”, una monumental novela que podría colocarse sin problemas como culminación del boom hispanoamericano, por encima incluso de “Cien años de soledad”. En ella nos cuenta la historia de Martín, de Alejandra, de Fernando… en un juego literario ambicioso y erudito, no siempre sencillo, pero que se lee con pasmo y ansia porque el alma humana, en todas sus vertientes, se retrata con una lucidez pocas veces imitadas. Es una novela magistral, una trama llena de tramas donde el escritor navegó hasta los rincones más insondables del mal, de la locura, de la incapacidad para la vida… como bien demuestran las páginas más famosas de este libro: “Informe para ciegos”, el mejor retrato de una mente paranoica que confunde la realidad con las propias fobias, un claro precedente de esas leyendas humanas que actualmente se agrupan como teorías de la conspiración.

Aunque escribió numerosos ensayos, la obra narrativa de Sabato es escasa en cantidad, infinita y eterna en calidad. Su nombre ahora se limita tan solo a ser una breve referencia en algunos libros de texto. “El túnel”, por su accesibilidad, y “Sobre héroes y tumbas”, por su condición de ineludible canónico, deberían ser de obligada lectura en colegios y universidades que tengan el castellano como lengua vehicular. Sabato fue un portento, como ejemplo cívico y ético, como novelista. Con su muerte termina definitivamente la Edad de Oro de Argentina, país que, no obstante, siempre dará buenos juegos futbolistas al mundo.

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