Código Fuente

El mejor cine de siempre, el de los años 30 y 40, se caracteriza, entre otras muchas cosas, por que las películas rara vez duran más de 100 minutos, muchas alrededor de 80. La necesidad de ahorrar cinta, de ajustar el presupuesto, fue sin duda razón importante para tal circunstancia; pero aquellos viejos productores sabían de cine y enseguida comprobaron que es mejor cualquier película de hora y media que una de dos (1).

La gran virtud de “Código Fuente”, película que se estrenó el pasado viernes, es que dura 93 minutos, es decir, la hora y media mágica. Por eso, al margen del argumento, el filme resulta intenso gracias a una trama trepidante que, a pesar de durar “tan poco”, construye unos magníficos personajes, mucho mejores de los que ahora se estilan en filmes de 150 minutos, sobre los que se levanta el filme de forma sólida y atractiva.

Hablar de “Código Fuente”, sin embargo, resulta difícil porque cualquier cosa que escribiese fastidiaría un argumento innovador y lleno de formidables giros narrativos que dejan sin aliento y consiguen sacar alguna lagrimita hacia el final. Fui a ver esta peli a pesar de que el tráiler se carga gran parte de la sorpresa que debería suponer vehículo tan diferente.

En cualquier caso, este filme se sitúa en el terreno de la ciencia ficción, con elementos de “Atrapado en el tiempo”, “El efecto mariposa” y “Matrix”. El que sea una película de acción no impide que se traten viejos enigmas, por humanos, cinematográficos como la posibilidad de cambiar el presente desde el pasado, la responsabilidad que conllevan las nuevas tecnologías o la capacidad para enfrentarnos a nuestro propio destino y evitar sus consecuencias. Por eso, aparte de ofrecer un gran espectáculo, “Código Fuente” enfrenta al espectador con numerosas preguntas de esas que ya no se estilan pero que jamás deberíamos dejar de hacernos.

Dirigida por Duncan Jones, impecablemente interpretada por Jake Gyllenhaal –se está convirtiendo en un actor con estrella; quizás algún día consiga superar un nombre artístico tan poco comercial–, Michelle Monaghan y Vera Farmiga, espléndida en todas sus facetas y sólo un tanto confusa hacia el final, “Código Fuente” es una producción que permite soñar con que, después de todo, aún no ha muerto la industria.

Aunque, como he dicho al principio, la gran virtud de esta película es que sólo dura hora y media, la medida perfecta para la gran pantalla. En frascos pequeños la tensión argumental crece exponencialmente y el disfrute del espectador se mantiene a lo largo de toda la sesión. Si todas las películas durasen más o menos lo mismo, quizás habría más aficionados a llenar las salas.

(1) Al margen habría que situar películas posteriores, como “El padrino” o “En busca del arca perdida”, que necesitan mayor metraje para tener sentido. Pero estamos hablando de obras maestras; en este caso, lo mismo da que duren 20 minutos o tres días: siempre se te harán cortas.