Sócrates y herederos

España es un país propenso a prescindir de sus más ilustres hijos, sobre todo si no pertenecen a ninguna banda dominante. Así, entre los filósofos, si oímos hablar de Savater, Gabriel Albiac o Eugenio Trías no se debe a su indudable calidad pensadora, sino a que colaboran con algún medio cercano a alguno de los poderes fácticos. Sin embargo, hay filósofos de primer nivel, como Miguel García Baró, que, a pesar de su impresionante currículum y prestigio internacional, no es conocido más que por sus alumnos, no muchos, sus discípulos –casi todos los que fuimos sus alumnos– y sus lectores –la suma de todos ellos–.

García Baró es uno de los mayores expertos del mundo en Edmund Husserl. No por ello son menores sus conocimientos de la Historia de la Filosofía, Teodicea, Ética o cualquier campo que tenga que ver con el saber de los saberes. Por ello mismo es invitado asiduamente a multitud de universidades iberoamericanas, alemanas o de cualquier parte del mundo. Como buen filósofo, no se limita a comentar lo que dijeron otros, sino que también es un creador de primer nivel, como demuestra su libro “Del Dolor, la Verdad y el Bien”. Pero si por algo destaca este bonísimo ser humano es por su actitud socrática, dispuesta a buscar la verdad y ayudar a los demás a comenzar la búsqueda y no parar un instante para continuar siempre avanzando y no caer nunca en el dogmatismo.

Si sé algo de filosofía es, en gran parte, gracias a Miguel García Baró –aunque no puedo olvidar a otros viejos profesores, como Agapito Maestre, Alicia Villar, Ricardo Pinilla, Jorge Úbeda, etc.–. Lector voraz mas atento, conocedor de alrededor de diez idiomas, une a su sapiencia universitaria una cultura enciclopédica que le convierte en un humanista del siglo XXI, una rara avis entre nuestros docentes de educación superior. Hace algunos años, después de una clase, alguien le comentó que debía escribir una breve ensayo que sirviese de introducción a la Filosofía y a las ideas de los más grandes pensadores, ya que los manuales suelen ser de un simplismo patético o de una altura ininteligible. “Para escribir algo en origen tan amplio, escribirlo bien, claro, en poco espacio, y además de una manera precisa y accesible para todo el mundo, hay que saber mucho… y aún me queda mucho por aprender”, contestó, sabio, socrático, modesto.

Afortunadamente, García Baró por fin se ha atrevido a acometer tan magna obra, aunque de momento sólo se haya publicado la primera parte, “Sócrates y herederos”. En unas trescientas páginas, ha conseguido resumir las líneas básicas de la filosofía desde su nacimiento en Grecia hasta finales de la Edad Media –la segunda parte se titulará “Descartes y herederos”. Es un libro magnífico, magistralmente escrito, suficientemente denso como para no ser superficial pero apto para cualquier que tenga un mínimo interés en aprender a filosofar. Porque, como el autor reconoce, este libro es sólo un primer paso, una invitación para que el lector se lance después a devorar directamente las fuentes citadas y, así, comenzar la búsqueda de la Verdad y del Bien, ideas tan en desuso.

“Sócrates y herederos” es una pequeña y atractiva puerta a la filosofía. Ya desde el título García Baró se delata. Desde que redescubrió a Sócrates, le considera como el padre de todo Occidente. En él comienza a nacer el sentido del ser humano que dominamos. Pero Sócrates no construyó ningún sistema. Sólo fue “un tábano” que aguijoneó a una fiera dormida, Atenas, que terminó ejecutándole por ello. Este libro es tan solo un diálogo socrático más, dirigido a la sociedad del siglo XXI, para hacerla despertar hacia el camino del conocimiento auténtico. Desgraciadamente para el conjunto, afortunadamente para el filósofo, hoy en día un libro como este pasa casi desapercibido, así que García Baró no tiene por qué preocuparse ni exiliarse.

Miguel García Baró es un maestro, tanto en el sentido docente como en el artístico o el humano. Con “Sócrates y herederos” culmina una brillante carrera que ha tenido tres vertientes diferentes: la de profesor, la de investigador y la de pensador. En unos cuantos cientos de páginas nos regala un mínimo fragmento de su sabiduría condensada y filtrada para ser accesible a todos los que se atrevan a cruza el umbral que nos separa de la Filosofía. Como buen socrático, no pertenece a ninguna banda dominante y su libro será ignorado mientras reduccionismos pasmosamente simplones como “Ética para Amador” pueden llegar a best-sellers. Este es el país al que vivimos, quizás pertenecemos.

dmago2003@yahoo.es