Solar

Ian McEwan, gran escritor, alcanzó la excelencia en el siglo XXI cuando enlazó tres obras maestras, tres magníficas novelas muy diferentes entre sí: “Expiación”, “Sábado” y “Chesil Beach”. La primera es una tragedia basada en un equívoco que revienta con la Segunda Guerra Mundial. La tercera, obra corta, muestra los recelos ante el sexo de toda una generación. Y “Sábado” retrata, en un intensísimo drama, al hombre post-11S.

Después de tanta seriedad, resulta lógico que su nueva novela, “Solar”, se inscriba en el territorio de la comedia, de la parodia, de ese humor inglés a la vez hilarante e hiriente. Este libro es una bocanada de aire fresco que, durante unos instantes, nos permite olvidar los muchos problemas que nos rodean.

“Solar” cuenta la historia de Michael Beard, un cincuentón ganador del premio Nobel que lleva viviendo de las rentas desde hace varios lustros. Donjuán empedernido, está casado por quinta vez y no quita el ojo a ninguna mujer con la que se cruce. Cuando descubre que su esposa le engaña, el cazador cazado, desorientado, inicia un viaje al Ártico que cambiará su vida. A su regreso, un giro completamente inesperado le llevará a convertirse, con el paso de los años, en un adalid de las energías limpias mientras su carrera de seductor no parece tener fin. Pero sus engaños y mentiras, poco a poco, se irán volviendo contra él.

La novela se lee con facilidad. Su tono humorístico y la hábil trama atrapan desde la primera página. Es probable que a muchos Beard les resulte antipático, pero, como no deja de hacer el ridículo, a la postre el espectáculo es reconfortante. Si en “Sábado” Henry Perowne era un trasunto del burgués medio de nuestros tiempos, Beard es un reflejo paródico de lo peor que puede nacer en nuestra sociedad: un triunfador ocasional que aprovecha su fama para continuar con una vida vacua que, sin embargo, a alguien tan inane satisface completamente.

“Solar” es, antes que nada, una comedia asombrosa. A veces de manera directa, con escenas auténticamente tronchantes, como el viaje en motonieve. Otras de un modo macabro y morboso. Las más, en ese territorio donde la ironía inglesa se mezcla con la farsa satírica más ácida y crítica. Ian McEwan no deja títere con cabeza y nos muestra cómo pueden ser las cosas a poco que no las pongamos límite.

Lo curioso de este libro es que, aunque a menudo arranca carcajadas, aunque nos ayude a evadirnos, al final deja un sabor agridulce. Es indudable que es una comedia que raya en el absurdo, pero entonces ¿por qué todo lo que ocurre nos resulta tan familiar? McEwan, después de emocionarnos, conmovernos y sobrecogernos con tres novelas serias, lanza un directo a barbilla de Occidente con una sátira social que recuerda a Henry Fielding o William Makepeace Thackeray, a su vez herederos directos de Miguel de Cervantes. La crítica humorística suele ser más corrosiva que la dramática aunque, ciertamente, así lo entienda muy poca gente.

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