Juegos florales universitarios

En la Universidad Complutense hoy se celebra la primera vuelta de las elecciones a rector que, cuando menos, por fin alejarán a Carlos Berzosa del cargo. En las últimas semanas, más que de los comicios rectorales, se ha hablado en la Complu sobre la conveniencia de que existan en los campus unas pocas capillas donde los estudiantes –ya sea por fe o por necesidad de un milagro– puedan rezar antes o después de los exámenes.

Son estos asuntos baladíes los que ocupan a los medios cuando hablan de la universidad. Sin embargo, son muchos los problemas que afectan a los estudios universitarios en toda la geografía española y en gran parte de la europea –Cambridge, Oxford y alguna otra se salvan–. El principal problema es que los estudios superiores han dejado de serlo de modo absoluto y tan solo lo son en el relativo, a saber, superiores tan solo a los inferiores.

De lo que no se habla en prensa, radio o televisión es de los asuntos esenciales, de los puntos que han convertido a la universidad en un trámite para conseguir un título que no siempre garantiza la alfabetización del poseedor del Grado, Licenciatura o Ingeniería. Son muchísimos los problemas que afectan a las innumerables universidades españolas. Valgan algunos ejemplos:

– Muchas carreras especializadas, como Física o Química, después de años de toparse con bachilleres sin apenas conocimientos, están ofreciendo “cursos” para que los debutantes adquieran unos mínimos indispensables para comenzar la carrera porque no los adquirieron cuando debían, en la ESO o el Bachillerato.

– Otras menos prestigiosas, como Humanidades, como necesitan a cualquiera que quiera cursarlas y se suelen surtir de aquellos estudiantes que no pueden matricularse en otra carrera, manejan unos temarios simplísimos porque el objetivo es mantener al personal como sea.

– Muchos profesores de la Complutense están realizando cursos de formación que, aunque no obligatorios, son necesarios para que cuenten trienios y quinquenios. Estos cursos, aparte de laminadores de la voluntad y el entusiasmo, son una enorme chorrada. Por ejemplo, en el curso “Desarrollo y verificación de la calidad de pruebas tipo test” se afirma que estudia “las propiedades psicométricas de las puntuaciones obtenidas” para más adelante recomendar un tipo de letra, sugerir que se presenten los exámenes a dos columnas para que no se pierdan los alumnos en renglones muy largos y, si la prueba –nunca el examen, que esta palabra oprime– ocupa más de una página, se pide que, al final de cada una, se ponga “Continúa en la página siguiente” porque hay muchos alumnos que sólo hacen la mitad del examen, perdón, de la prueba.

– En las actuales carreras existen muchas asignaturas de formación profesional, como las TICs, “Tecnologías de la Información y la Comunicación”, en perjuicio de otras más “abstractas”, que se convierten en simples optativas, como “Derecho Romano” o “Prehistoria”, porque no tienen utilidad práctica.

– Mientras tanto, bastantes profesores universitarios se quejan porque muchos de los alumnos de los últimos cursos apenas saben escribir, no solo con buena ortografía, sino con un mínimo de corrección gramatical o coherencia semántica.

– Aparte, con tantas universidades, hay tantos profesores y catedráticos que ya ni siquiera estos son garantía de sabiduría. Una profesora de Ética puede ignorar que el concepto “libertad” es clave para su asignatura y uno de Historia afirmar que Antonio Pérez estuvo casado con la princesa de Éboli.

El estado de nuestra educación es terminal. También la universitaria. Sin embargo, el debate se centra en si un templo coarta la libertad religiosa o en quién será el próximo rector de la Complu. Invadiendo capillas, eligiendo a personajes como Berzosa y celebrando botellones de miles de personas nuestros universitarios exigen a gritos una buena educación. Nadie parece dispuesto a darles una respuesta.

dmago2003@yahoo.es