Liz Taylor, reina de Hollywood

Tras rodar “La mujer marcada” y ser nominada para los Oscar, Elizabeth Taylor sufrió una neumonía. Estuvo tan grave que hubo que hacerle una traqueotomía. Su caso ocupó, durante semanas, las portadas de los periódicos del mundo entero. La leyenda negra dice que Taylor ganó el Oscar por la publicidad que su enfermedad y no por su interpretación. Pocos meses después, la Fox llegó con una oferta para que hiciese “Cleopatra”. Taylor se lo tomó a risa y pidió la fabulosa cifra de un millón de dólares. Pocos después se convirtió en la primera actriz de la Historia en ganar tanto por una película.

Valga la anécdota para resumir lo que fue la recientemente fallecida Elizabeth Taylor: como estrella fue inigualable gracias a sus maravillosos e hipnotizadores ojos violeta; como fenómeno mediático, fue la primera actriz cinematográfica en acaparar titulares durante décadas por los motivos más variopintos. Artista de profesión, para los medios fue una auténtica aristócrata.

Elizabeth Taylor vivió intensamente. Nacida en Londres de padres americanos, emigró a Estados Unidos justo antes de la Segunda Guerra Mundial, no sin antes ofrecer, junto a su clase de ballet, un recital a la mismísima familia real. En Los Ángeles, con sólo 10 años de edad, su impresionante belleza atrajo la atención de los grandes estudios de Hollywood. Pronto se convirtió en una estrella infantil y juvenil antes de, con “Mujercitas”, mostrarse al mundo como una auténtica mujer.

La carrera de Taylor siempre estuvo mimada por la crítica y el público. No importaba que sus recursos interpretativos no fuesen especialmente amplios, que siempre rayase en el exceso, que a menudo resultase cursi y empalagosa. Fue la auténtica reina del melodrama, del culebrón cinematográfico que menudeó en los 50. La estrella de Taylor es inseparable de títulos tan memorables –aunque cuesta una vida volver a verlos – como “La gata sobre el tejado de zinc”, “La senda de los elefantes”, “Gigante” o “¿Quién teme a Virginia Woolf?”. Sin ser una gran actriz, consiguió ser nominada cinco veces a los Oscar, donde ganó dos veces.

La otra vertiente del fenómeno Taylor fue el de la popularidad. En su lado más negativo, sus ocho matrimonios y sus ochos divorcios –gracias a ella descubrí de niño que alguien podía casarse tantas veces–, la convirtieron en primera plana de la prensa rosa. “El padre de la novia”, uno de sus primeros grandes éxitos, se benefició de su matrimonio –celebrado dos días antes del estreno del filme– con Conrad Hilton, heredero de la cadena hotelera, del que se divorció meses más tarde. El caso ya mencionado de su neumonía pudo valerle un Oscar. Y su historia de amor junto a Richard Burton es una de las más legendarias y tormentosas de la historia de Hollywood.

Pero si su vida estuvo llena de escándalos, urgencias, errores y aciertos ampliamente aireados por los medios de comunicación, Taylor siempre destacó por su bondad, por su calidad humana. Fue la amiga más fiel que acompañó a Montgomery Clift hasta el último momento. Fue la primera en salir en defensa de Rock Hudson cuando éste reconoció su homosexualidad y anunció que estaba enfermo de sida. Nunca dejó de defender a Michael Jackson.

Este uso para el bien de una fama sin parangón hasta la fecha, la convirtieron, en los últimos 30 años, cuando ya apenas hacía películas, en adalid de numerosas causas de inmejorables intenciones. En los 80 se convirtió en la cara visible de la defensa de los enfermos de sida, enfermedad para la que donó y consiguió desorbitantes cifras de dinero. Luchó por los desfavorecidos, contra la enfermedad, por la paz. Así, el rostro que fascinó al mundo entero y que ascendió aún más rápido gracias a la publicidad de su vida privada, devolvió al mundo más de lo que había ganado.

Liz Taylor ha muerto. Reinó en Hollywood durante los 50 y principios de los 60, a pesar de que sus películas ahora resulten un poco pesadas y bastante anticuadas. Fue la primera gran actriz que se igualó en la prensa rosa a princesas, nobles y grandes nombres, abriendo camino a otras muchas artistas –Grace Kelly la siguió bien pronto– para copar primeras planas durante décadas gracias a su atribulada vida privada. Esta fama, inmensa, la terminó usando a favor de las mejores causas, siendo también pionera en este camino de caridad y filantropía mediáticas.

El cine llora su muerte. Los que la conocieron de cerca, la añorarán. Los que la admiraron de lejos, recordarán su belleza, tanto interior como exterior.

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