Profesionales de la nada

El pasado viernes, en “Sálvame”, emblema de la telebasura, se representó otra de esas piezas con las que se viene entreteniendo al pueblo: el supuesto amante de Víctor Sandoval –ilustre periodista que, gravemente enfermo, anda metido en una convulsa separación de su marido– acusaba al plumilla de estar perpetrando un montaje para llevarse pasta con la que pagar sus “muchos vicios”.

El amante, que ya había vendido su versión de los hechos a una revista –alucinante el dinero que mueven estas chorradas–, aseguraba que Sandoval le había comentado en numerosas ocasiones que necesitaba urgentemente dinero. Cuando los habituales de “Sálvame” –hijos y padres de la mentira, amantes de la grosería, populares rostros perdularios que otrora habrían poblado los barrios más marginales de una sociedad distópica y desesperada– comenzaron a interrogar al invitado, éste respondió que, como Telecinco le había advertido sobre el horario infantil del programa, debía evitar ciertos temas.

Sin embargo, como detrás de sus palabras se escondían el sexo y las drogas, Matamoros, Milá Ximénez y otros personajes de gran popularidad y desconocida moral insistían en el tema, metían el dedo en la llaga para ver si de la carnaza conseguían extraer algo de carroña. El invitado eventual defendía un horario infantil –la semana pasada se publicó un estudio denunciando la ignorancia sistemática del mismo por parte de todas las televisiones– que los constantes del programa nunca han respetado. El venal, irónicamente, defendía una moralidad que los demás jamás han conocido.

“Sálvame” es uno de los programas más populares de la España del siglo XXI. No es el único en su barriobajero género, pero la presencia de Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez lo coloca varios puntos por delante de sus competidores, sobre todo en lo que se refiere al ya citado horario infantil. Tales son sus méritos en el periodismo de calidad y en la corrupción de menores, mayores y alienígenas que ya ganó su más que merecido premio Ondas, lo que motivó las famosas palabras de desquite del presentador que ha hecho del insulto sarcástico, la desvergüenza y la insinuación sexual sus señas de identidad.

Así está España. Telecinco, no muy diferente de Antena 3, fabrica una falsa realidad con la que llenar sus diferentes programas para que los distintos invitados puedan gritar, soltar palabras gruesas, insultar a propios y extraños, y convertir “Torrente 4″ en un alarde de finura y buenas maneras. Que eso lo pueda ver, y lo vea, un chaval de 10 años, no importa. En su día se firmó una declaración deontológica para respetar un horario infantil. Papel mojado. Lo curioso es que tenga que ser un chaval que acaba de vender su alma el que recuerde a los auténticos profesionales del género lo que deberían estar haciendo en ese momento: guardar las formas.

No creo que la televisión corrompa a nadie. Más bien, su envilecida naturaleza muestra lo que su público desea. Es un espejo en el que repugna y aterra mirarse. Que, a las seis de la tarde, Matamoros se líe a insultos y gritos con quien sea, mientras Vázquez o Paz Padilla sonríen divertidos, es más una consecuencia que una causa del envilecimiento de nuestra sociedad.

Como siempre, la solución al problema, más grave de lo que podría parecer, está en la educación, no en medidas restrictivas. Cualquier persona con dos dedos de frente debería indignarse ante un espectáculo tan penoso y apagar inmediatamente la televisión, no volver a ver nunca Telecinco. Ni Antena 3, ni la Sexta… ni la mayoría de los medios de comunicación que sólo sirven a unos intereses empresariales sin nada humano que los sostenga. Educar e ignorar a los ignorantes que nos quieren vender una realidad que, a mi entender, tan solo es un paño rojo que invita a embestir y olvidar los problemas auténticamente serios. La caja tonta no es nada, aunque lo sea todo.

dmago2003@yahoo.es