Purga

Innumerables novelas se han sumergido en los momentos más atroces del siglo XX, muchos y, contados hace 200 años, completamente inconcebibles. El nazismo y su Holocausto, el comunismo y su gulag, las infinitas dictaduras y sus salvajes represiones… material de primera para cualquier obra narrativa que quiera abordar la naturaleza humana desde su lado más oscuro.

La buena novela, no obstante, es aquella que evita la grandilocuencia y se sitúa en la perspectiva del ser humano corriente. Para los grandes nombres ya está la Historia. La narrativa interesante –y en eso poco hemos cambiado desde Cervantes, Fielding o Tolstoi– es la que nos cuenta historias de personas normales que viven historias más o menos extraordinarias en momentos más o menos memorables.

“Purga” es una sorpresa exótica. Ganadora de muchos premios, entre ellos el de Mejor Novela Europea de 2010, es obra de Sofi Oksanen, joven realidad finlandesa. La escritora nos lleva hasta la Estonia del siglo pasado para introducirnos en un territorio que fue ocupado por soviéticos, nazis, de nuevo por los soviéticos y al final encontró la independencia con muchos asuntos pendientes por resolver. Porque, aunque en España tendamos a olvidarlo, siempre que hay un aparato represor, hay personas de carne y hueso detrás del mismo.

El gran acierto de “Purga” es que no pretende abarcarlo todo. Se limita a contar la historia Aliide, una joven estonia que ve cómo su hermana conquista al hombre del que está enamorada. Llega la Segunda Guerra Mundial, con ella la dictadura soviética. Aliide comenzará siendo una víctima más –de la más terrible de las torturas que, del mismo modo, sufrirán su hermana y su sobrina– pero, cuando termine la guerra, encontrará en un miembro del partido comunista su tabla de salvación –su medio para metamorfosearse en verdugo–, se librará de su hermana y así, de manera incompleta, se quedará con su cuñado, miembro de la resistencia antisoviética.

Décadas más tarde, con la libertad respirándose en Estonia, la crisis atacando a sus pobladores y el pasado lastrando la memoria de Aliide, llega a su jardín una joven de Vladivostok que lleva años esclavizada y torturada por la mafia rusa. El encuentro entre las dos mujeres, lleno de sorpresas, las llevará a encontrarse a ellas mismas, a sus respectivos pasados y, en el caso de la más anciana, la ansiada redención de aquella mujer que tornó de víctima a verdugo.

Oksanen, en el que es su mayor acierto, aunque relata cosas de un salvajismo muy humano, huye de lo obvio, de la truculencia, para tratar su historia de un modo delicado y certero: nadie es inocente del todo ni culpable de una manera monstruosa. Sus personajes –por los que muestra un enorme cariño–, ya sean torturadores, maltratadores, simples campesinos o idealistas incorregibles, son seres humanos, reales, cercanos… no monstruos tras los que solapar el peor lado de nuestra naturaleza ni santos de imposible condición.

“Purga” no es una novela perfecta. El final es demasiado abrupto, algunas escenas muy confusas, la traducción del finlandés no acierta siempre con la corrección gramatical castellana, pero en cualquier caso es un libro que se lee entre maravillado y estremecido, que conmueve por el impecable realismo de sus personajes y que nos lleva a un tiempo donde era difícil vivir, pues ser verdugo o víctima no eran dos circunstancias baladíes.

Oksanen entra en Europa por la puerta grande. Aunque siempre se muestra a favor de las víctimas, es una escritora que evita lo tendencioso. Esta defensora de lo bueno que hay en la Humanidad nos ha contado una historia sobrecogedora que transcurre en un perdido rincón de Europa que tampoco pudo escapar a la atroz Historia del siglo XX. Una joven escritora que, sin duda, dará que hablar en el futuro.

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