Torrente, espejo de España

Durante toda la proyección de “Torrente 4. Lethal Crisis”, sólo una ironía: intercalado entre los trailers de los próximos estrenos, un anuncio donde la comunidad de Madrid asegura, con sus cientos de colegios bilingües, la mejor educación a sus colegiales. El resto fue chocarrero, zafio, un insulto al humor fino, un saludo al chiste grosero y barato.

La cuarta parte de “Torrente”, no obstante, está batiendo récords de taquilla, lo que invita a tres reflexiones bien diferentes:

– Cuando el cine, aun más el español, pasa por una profunda crisis, que un filme, en su primer fin de semana, supere el millón de espectadores es una gran noticia. Santiago Segura, perpetrador del invento, ha usado tecnología 3D para volver aún más popular al despreciable detective que hace del pedo y la suciedad sus señas de identidad para, rodeado de un destape propio de los 70, continuar llenando salas.

A eso se une la capacidad de Segura para conseguir que participen en sus producciones las gentes más diversas. En esta entrega el segundo papel más importante es el de Kiko Rivera, hijo de la Pantoja. La película, más que una sucesión de gags, es una retahíla de cameos: un jugador del Atleti, tres del Madrid, uno del Arsenal, Belén Esteban, Carmen Martínez Bordiú, María Patiño, María Lapiedra y muchos otros rostros que deben su popularidad a la televisión.

La cuestión es que el invento, en su cuarto capítulo, sigue dando resultados en taquilla. Muestra uno de los dos caminos que le quedan a nuestro cine para, por fin, ser rentable: no es cine exportable, pero ofrece la españolada que gusta al público nacional.

– La saga “Torrente” se sitúa en la línea del españolísimo humor de la caspa, el mismo de los hermanos Quintero, el “landismo” o Mariano Ozores. La cuestión es que ahora, además de modismos, falsos castizos y erotismo cutre, el humor, más fácil y grosero, carente de cualquier sutileza que sí existía antaño, se adorna, a ritmo de pedos, según la línea imperante en el mundo de la fama, que hoy se rige, sin importar méritos, bajo los dictados de la tele: junto a profesionales reconocidos como Florentino Fernández o Pablo Motos, se colocan La Esteban, diva del siglo XXI, “El Dioni”, envidia de las masas, la Patiño y cotillas del falso periodismo, futbolistas de caché monetario mas invertebrados culturales, cantantes de medio pelo, etc., culminando con “Paquirrín”, rey de los “Ninis”. En definitiva, la consagración de la telebasura.

Por eso, si viendo “Una vez al año ser hippy no hace daño” uno puede imaginar qué cutre era la España de los 60, o viendo “Los bingueros” las escaseces de los 70, ahora, con “Torrente 4″, uno puede asistir al reflejo de la España actual, un mero desfile de “telebasura”, pura mediocridad, compartiendo pantalla con una inacabable sucesión de baratas zafiedades. Eso es lo que hay; lo que vende.

– El ministerio de Cultura dice que “Torrente 4″ es no recomendada para menores de 12 años. En una escena se ve, con 3D, cómo un preso violador se acerca a un culo con escroto y pene. Es sólo la escena más desagradable de un conjunto excesivo en su general obscenidad. El mensaje, si existe, es que vale todo para salir en pantalla. Lo zafio, en definitiva, convive con lo amoral. Eso también es lo que hay pero, ¿el Gobierno tiene que colaborar por mor de mejorar el índice de audiencia del cine nacional?

El doctor Samuel Johnson afirmó que Shakespeare fue el más grande porque fue un perfecto espejo de la naturaleza humana. La comedia chusca española siempre fue un magnífico retrato de las carencias, necesidades y sentido del humor de la sociedad española. “Torrente 4″ es, simplemente, eso, un retrato de nuestro presente, uno donde la Esteban es una semidiosa y Kiko Rivera el ejemplo a seguir. Por eso la película interesa, llena salas, bate récords. De ahí la ironía del anuncio de la comunidad de Madrid: educación bilingüe para un mundo donde nada puede serlo todo, un mundo sin principios que, después de todo, ya no importan a casi nadie.

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