A la sombra de Pixar

Pixar cambió el cine al estrenar “Toy Story” en 1995. Aparte de la revolución técnica –animación por ordenador, mayor verismo y renovación estética–, llevó hasta el final lo que ya se apuntaba en “La sirenita” y “La bella y la bestia” de Disney: en lugar de comedias para niños que gusten a los padres, Pixar crea películas para mayores que además atrapan a los más pequeños. Esta perspectiva convirtió la animación en la gran superviviente en taquilla dentro de la general crisis que rodea la cinematografía.

Así, al tiempo que Pixar ha seguido lanzando muchas obras maestras, otras compañías han intentado hacer lo mismo, no siempre con la misma calidad. El último ejemplo es “Rango”, de la “lucasiana” Industrial Light & Magic, que está barriendo en taquilla, otra gran película de animación que, mezclando varios géneros, al final es pura comedia para adultos con capacidad de hipnotizar a los niños.

“Rango” es una película que homenajea al viejo oeste. El protagonista es un camaleón que llega a un pueblo perdido en el desierto y cuyas carencias de agua la colocan como víctima propicia de una típica mafia del Far West. Entre mentiras, aventuras y gags, el héroe aprenderá a ser auténtico y defender a los que terminan siendo los suyos. En ese sentido, el guión cumple con todos los requisitos del paradigma celebrado por gurús como Syd Field o Robert McKee.

Esta película destaca sobre todo por dos elementos en principio accesorios. Técnicamente es completamente soberbia. La calidad de la animación convierte un mundo completamente imposible, de dibujos, en algo en apariencia veraz, cercano, reconocible. Su estética también destaca por novedosa y fantástica. Aunque en apariencia se sitúa en el “feísmo” característico de las películas del western crepuscular, el diseño de los personajes, la calidad artística del dibujo y su soberbio acabado consiguen que la película sea un festín visual de primer orden, donde forma, composición y color se dan la mano para llegar a cotas hasta ahora nunca alcanzadas.

Además, la comedia triunfa sobre el exceso de erudición del filme, con constantes homenajes a otras películas, a grandes músicos, escritores o cualquier cosa que nos podamos imaginar. Con “Rango” uno, sobre todo, se ríe. Porque, aparte de lo trillado de la historia, el humor está bien trabajado, con gags memorables y un optimismo vital que supera el mensaje ecologista tan de moda en estos tiempos.

“Rango”, de todas maneras, no está a la altura de Pixar. Quizás sea por la demasiado evidente moralina; o por lo previsible de la trama; o por el bajón pretencioso que se da hacia el segundo tercio de metraje; o por la blandura del clímax dramático; o por el exceso de referencias pedantes; o por la obviedad de algunas situaciones; o por sus ocasionales excesos surrealistas… el caso es que no alcanza los niveles de excelencia de los últimos productos de Pixar (“Wall-E”, “Up” y “Toy Story 3″).

Pero es una gran película, completamente recomendable para toda la familia. La vi en una sala repleta de niños acompañados por muchos menos adultos –me tocaron en suerte dos cumpleaños–. A los pequeños ni se les oyó. Las risas de los mayores, por el contrario, no dejaban de escucharse. Productos como “Rango”, aparte de gran noticia para padres, son idóneos para reconciliarse con el cine, con la comedia. Como ya he escrito en numerosas ocasiones, este género, seguramente el más difícil pero más reconfortante, sobrevive gracias a la animación del siglo XXI, hija directa de Pixar.

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