Tongo

Antaño los Oscar eran, cuando menos, una guía fiable de películas sobresalientes. Cuando un filme era nominado en varias categorías, sobre todo las de director y largometraje, uno sabía que, aunque pudiesen ser eternamente largas, el producto final iba a ser decente y compensar el precio de la entrada. Basta echar un vistazo a algunos ganadores de la última década, como “Una mente maravillosa” o “Infiltrados” -una de las peores obras de Scorsese-, para percatarse de que Oscar ya no es garantía de excelencia

The fighter” es una de las principales candidatas a los Oscar de este año. Protagonizada por Mark Walhberg y Christian Bale, cuenta la historia real de dos hermanos que triunfaron en el boxeo. Sólo que uno, después de hacerlo, cayó en las garras de la droga y estuvo a punto de cargarse la carrera del segundo. Precisamente este es el meollo de la película.

El filme está correctamente realizado. Con un montaje profesional, una ambientación modélica y unas magníficas interpretaciones –especialmente las de Bale y Amy Adams– oscurecidas por la presencia del siempre átono Walhberg, “The fighter”, no obstante, aburre a las ovejas. Es terriblemente sosa, previsible, plana. Estuve a punto de salirme del cine en un par de ocasiones porque no tiene tensión dramática y porque la trama ocurre plácidamente –hasta el tema de la droga resulta amable–, sin apenas obstáculos, y los personajes se dejan llevar por unas circunstancias impropias de un culebrón de sobremesa.

Peor aún es la presencia de algunas escenas, especialmente las que muestran discusiones familiares, más propias de una película amateur que de un gran título candidato a los premios de la Academia de Hollywood. Son tan malas, están rodadas de una manera tan etérea, que antes invitan a la risa que a la lágrima propia de un dramón. Por no hablar de las patéticas escenas de boxeo, donde este deporte se parece a cualquier cosa menos a sí mismo.

Sorprende, por tanto, que tenga siete nominaciones a los Oscar, incluido los de mejor película, director y guión original. Más aún, estoy anonadado al contemplar que en la Internet Movie Database ya figura entre las 250 películas más valoradas por los internautas. O estoy perdiendo el norte o hay algo que se me escapa.

El asunto no es tan misterioso. Sí resulta oscuro y extraño que Walhberg sea una de las personas más poderosas del actual Hollywood, aunque eso quizás explique porque la vieja meca de los sueños ya no sea sinónimo de calidad. También explica el gran éxito mediático de “The fighter” el que esté producida por The Weinstein Company. Los hermanos Harvey y Bob Weinstein, que no aparecen en los títulos de crédito, mandan mucho, aún más en todo lo que tiene que ver con los Oscar.

Cualquier premio a una creación artística, por industrial que sea, es por definición arbitrario. Los Oscar son decididos por unos pocos miles de personas del mundo del cine. Su voluntad es soberana. Lo preocupante es que, a pesar de ello, la gente considere estos premios como ídolos situados por encima del bien y del mal, infalibles y decisivos a la hora de catalogar un filme. “The fighter” no pasa de ser un largometraje menor, más cercano a un telefilme que a una obra maestra. Recordemos que ocupa un lugar que, por ejemplo, podría corresponder a “Más allá de la vida“, la última genialidad de Clint Eastwood.

Entre los muchos temas que “The fighter” elude se encuentra el de los amaños en el mundo del boxeo. Quizás habría sido demasiado evidente sacar en pantalla a un público cabreado gritando a coro “Tongo, tongo, tongo“.

dmago2003@yahoo.es