Eastwood, ¿mago o poeta?

El cine de Clint Eastwood trata de lo humano a través de sus múltiples aspectos: la culpa (“Sin perdón”), la venganza (“Mystic river”), el amor imposible (“Los puentes de Madison”), las segundas oportunidades (“Million Dollar Baby“, “Gran Torino”), la fuerza del azar o del destino (“Ejecución inminente”, “Poder absoluto”, las ya citadas, en definitiva todas las suyas), etc. Como las más grandes obras literarias, su cinematografía contiene el infinito universo del alma humana.

Acaba de estrenarse en España “Más allá de la vida“. Gran parte de la crítica dice que trata de la vida después de la muerte. Incluso un ignorante la ha comparado con “Always”, de Steven Spielberg, que sería lo mismo que decir que “Casablanca” va de lo mismo que “Spiderman”. En “Más allá de la vida” existe un leitmotiv común: los tres protagonistas han tenido experiencias traumáticas con la muerte y están obsesionados con el más allá. Pero es una película que trata de la vida, en su sentido más amplio y sincero, de la existencia con la plenitud de consciencia, a saber, de esa vida auténtica en donde, sin perder un segundo, se mira frente a frente a la “esfinge”.

Por encima de todo, “Más allá de la vida“, como siempre en Eastwood, respetuoso con la esencia del cine, cuenta una historia intensa y emotiva dentro de una meditada contención que evita cualquier exceso. Más bien son tres historias de tres personajes traumatizados que, a lo largo del metraje, aprenden a vivir después de convivir con la muerte. Con una banda sonora sencilla y certera, una impecable dirección de actores perfectos en sus respectivos papeles, un inmejorable dominio del tempo narrativo, Eastwood vuelve a construir una película redonda que, evidentemente, contiene muchas escenas memorables, como la de los antifaces en la clase de cocina, un soberbio ejercicio de erotismo y sinceridad mesurados.

Pensar que Clint Eastwood juega con ventaja porque trabaja con mejores guiones es absurdo. El secreto de su genialidad es ponerse al servicio de cada historia, y por eso en lo visual pocos de sus filmes se parecen entre sí –tan solo las bandas sonoras que él mismo compone conectan, en lo estético, algunos de sus largometrajes–. En esta ocasión, las secuencias tsunami o de la feria literaria son jugosas novedades llenas de dramatismo y originalidad. Eastwood sabe construir filmes plenos y emotivos a partir de guiones muy trabajados, algo que en lo que sin duda también tiene que ver.

Eastwood sabe manejar a la perfección las imágenes, los diálogos, la música, los artistas, los escenarios, para crear unas maravillosas sucesiones de secuencias que, a la par que terminan conquistando al público, transpiran poesía por cada uno de sus poros. Combina la capacidad del gran narrador cinematográfico con una óptimamente trabajada calidad como creador de “momentos” memorables. Sólo así se puede explicar el lirismo que transmiten sus películas, tan mágicas, tan arrebatadoras, capaces de transportar al espectador fuera de sí mismo en una catarsis auténtica y cercana, absolutamente contemporánea y extemporánea, valga la contradicción.

Decir cualquier cosa más acerca de “Más allá de la vida” tan solo serviría para estropear la sorpresa que supone su magnífica trama. No es una película sobre la muerte. Todo lo contrario. Es un canto a la vida, un homenaje a aquellas personas que sobreviven después de haberse enfrentado cara a cara con la parca. Un filme en estado puro que cuenta modélicamente tres apasionantes historias. Eastwood es ya un clásico, muy superior a sus coetáneos, a la altura de los más grandes, imprescindible por siempre jamás.

P.S.: Primero ignoró “Gran Torino”. Ahora “Más allá de la vida”. ¿Alguien cree todavía en la Academia de Hollywood?

dmago2003@yahoo.es