Intimidad japonesa

De vez en cuando una “novelita” sin pretensiones, intimista, emotiva, sorprende y se coloca entre los libros más vendidos, incluso entre los más leídos. Así ocurrió, por ejemplo, con Donde el corazón te lleve, de Susanna Tamaro, o con La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, dos libros que contaban historias cotidianas, sin alardes, sobre personas normales con una sensibilidad especial capaz de llegar pese a no recrear ambientes pseudohistóricos, inventar teorías conspirativas o tramar argumentos raudos mas insostenibles.

La fórmula preferida del profesor, de la japonesa Yoko Ogawa, es de esta clase de novelas. Narra, sin ninguna complejidad superflua, la historia de una madre soltera que trabaja como asistenta. Un día la empresa para la que trabaja la envía a limpiar la casa y cocinar para un viejo profesor de matemáticas que ha perdido la memoria a corto plazo. Poco a poco, potenciada por la presencia de “Root”, el hijo de ella, la relación entre los dos se convierte en una amistad donde ella es la protectora y él la persona que le abre el maravilloso mundo de los números.

La novela cuenta una historia sencilla de un modo sencillo. Apenas aparecen los tres personajes principales, un secundario y unos pocos figurantes. El escenario prácticamente se reduce al pequeño hogar del anciano. Aparte del béisbol, apenas hay ningún tema que no sea el de la simple existencia que comparten esos tres personajes en una sociedad tan formalista como la nipona. A su rededor surge un círculo mágico a partir de una intimidad que rompe convenciones y que levanta emociones singulares en los lectores.

La fórmula preferida del profesor lleva millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Su éxito contrasta con el de otras novelas mucho más ambiciosas, apabullantes, “grandiosas”. Con poco menos de 300 páginas, este libro es modesto en apariencia, pero mucho más auténtico que la mayoría de las cosas que suelen llenar los huecos de los diez títulos más populares. Porque, aunque nos muestre la vida de tres personajes que viven en una sociedad que nos resulta sumamente remota, cuenta un pedazo de vida de una manera directa y sincera, llena de sentimientos pero sin ningún exceso, sin sentimentalismo, sin grandes golpes de efectos.

Esta novela de Yoko Ogawa, que también ha logrado el éxito internacional con Perfume de hielo, nos presenta a una escritora a la vieja usanza pero completamente contemporánea. Su lectura es sencilla, suave, como por raíles, y se agradece enormemente una magnífica construcción de personajes sencillos que tienen más que suficiente con respirar y resultar completamente creíbles. Con apariencia de costumbrismo, La fórmula preferida del profesor ahonda en el alma humana para mostrarnos, por una vez, su lado más luminoso, esperanzador.

El regalo añadido es que el viejo profesor no sólo muestra el mágico mundo de las matemáticas a sus dos aventajados alumnos, sino que cada lector descubre una nueva mirada a estas ciencias a menudo denostadas. Para un amnésico, sólo los números tienen un sentido necesario, constante, inmutable. Su absoluta y magna comprensión del fenómeno ayudará a la protagonista y su hijo a salir adelante en un mundo duro, aún más para una mujer soltera en una sociedad jerarquizada e implacable con los más débiles.

La fórmula preferida del profesor es un buen libro. Se lee fácil, entretiene, y saca más de una lagrimita. Es un libro pequeño, modesto, sencillo. A pesar de ello ha conseguido abrirse camino entre hermanos más grandotes y ruidosos. Leer libros como este a uno le hace pensar en una época en la que en España se podían encontrar cosas como Entre visillos, de Carmen Martín Gaite. ¿Dónde está el equivalente español a las novelas de Yoko Ogawa?

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