Hasta el infinito y más allá

Aún hay gente que piensa que las películas de Pixar son para niños. Conozco a varias personas que se califican de cinéfilas que no han visto ningún filme de esta genial productora de cortos y largos de animación que, aparte de prodigiosos en lo técnico, son impecables en todos los ámbitos que constituyen los firmes cimientos de una producción cinematográfica que se precie.

Acaba de llegar a España Toy Story 3, secuela de la primera película de Pixar que deslumbró a medio mundo en 1995. Vuelven Woody, Buzz y el resto de los juguetes de Andy que, ya casi mayor de edad, se va a la universidad. ¿Cuál será el destino de sus viejos compañeros de juegos? Esa es la pregunta de fondo de esta magnífica película que, como siempre ocurre en Pixar, combina la acción y la comedia con pinceladas de melodrama y una profundidad ética muy poco habitual en el cine de los últimos años.

Después de disfrutar Toy Story 3, estuve reflexionando bastante tiempo. Me había reído, entretenido, divertido, carcajeado, emocionado… llorado. En el fondo del filme había un enorme poso de nostalgia, una sentimental reflexión sobre el sentido de la existencia, de nuestra naturaleza, de si servimos o no para algo. Lo grandioso es que, como ocurría en el cine del genial Frank Capra, el “mensaje”, siendo importante, sincero y emotivo, tan solo es la guinda de un pastel inmejorablemente construido.

Desde el comienzo de la proyección, con otro de esos cortos que sólo saben hacer en Pixar, Toy Story 3 es un espectáculo magnífico. El principio, como en Up, es de una concisión y emoción abrumadoras. Luego llegan momentos de comedia y tensión dramática en plan Los increíbles o Ratatouille que nos llevan a un “nuevo mundo” –el de los juguetes de guardería, más oscuro de lo que pueda parecer– que sirve de reflejo paródico del real, como en Bichos y WALL-E. Para terminar con unas magníficas escenas de aventuras, como las mejores de Monstruos S.A., que preceden a un final tierno, conmovedor, optimista, “capriano”, único.

Toy Story 3 no deja de ser fiel a sus orígenes. Repite algunos chistes y reinventa otros. Pero, al contrario de lo que ocurre con Shrek 4, esta película es una completa revisión del tema porque los juguetes ven cómo su “jugador” les tiene que abandonar porque se ha hecho mayor. Los protagonistas son los mismos pero las circunstancias bien diferentes. Y de ahí que la película resulte completamente novedosa, espectacularmente fresca, una perfecta renovación de algo que podría haber sido un simple refrito.

Cuando la gente cree que Pixar hace películas para niños, piensa que su principal referente es Walt Disney. Nada más lejos de la realidad. Ya he citado a Frank Capra; pero en sus películas se pueden atisbar influencias de todos los grandes directores del cine clásico, como John Ford, Charles Chaplin, Billy Wilder, Henry Hathaway… todos los que hicieron cine entretenido. Si Pixar es grande, la autora de las mejores comedias desde hace quince años, es porque su cine es para mayores y los niños también pueden disfrutarlo aunque se pierdan multitud de matices.

En este mundo oscuro donde los mitos caen por la puerta de atrás, como Raúl, o donde los intereses políticos son capaces de acabar con espectáculos populares como los toros, que exista algo como Pixar, aparte de resultar gratificante, da cierta seguridad. Ahí, en plena madurez creadora, tenemos un icono que nos regala una joya cinematográfica cada año. Un seguro de vida cinéfilo que recuerda a un viejo estudio de los tiempos gloriosos de Hollywood. Claro que lo de Pixar no tiene nada de viejo y, a su manera, ha reinventado completamente la manera de hacer cine para hacerlo al modo de los clásicos. Pixar, en ese sentido, supone el primer gran renacimiento de la corta historia del séptimo arte… con películas para todos los públicos.

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