Anna Gavalda

Es difícil encontrar libros optimistas que se lean de un tirón y aborden los principales temas y problemas de la sociedad contemporánea, tan etérea, inhumana, vertiginosa, a menudo un lugar inhóspito donde vivir se convierte en una odisea monótona, laminadora y atosigante. Por eso, cuando hace un par de años me topé con Juntos, nada más, de Anna Gavalda, me alegré enormemente de haber encontrado una escritora coetánea que entretiene e invita a la reflexión mientras envía mensajes de esperanza, de que hay luz al final de la rutina.

Anna Gavalda nació en 1970 en Francia. Comenzó escribiendo dos buenos libros de cuentos y un par de novelas cortas, pero la fama internacional le llegó gracias a la novela antes citada y su éxito se confirmó con la publicación de El consuelo, otro análisis certero e incisivo de nuestra sociedad, de los humanos del siglo XXI. Si en Juntos, nada más los protagonistas son un pequeño grupo de marginados que hacen piña para salir adelante y encontrar la felicidad, en El consuelo el protagonista es un ejecutivo sin tiempo libre que, en el campo, gracias a una mujer distinta, vivaz, alegre, encuentra la salida a su vida mortecina y gris.

El éxito de Anna Gavalda en España ha provocado que Seix Barral acabe de editar una de sus primeras novelas, La sal de la vida, un librito que muestra cómo tres hermanos se escapan de una boda cualquiera para reunirse con el pequeño y recuperar, por última vez, sus felices tiempos de infancia.

En La sal de la vida nos encontramos con todas las señas de identidad de la narradora francesa: retratos escuetos de unos personajes que, no obstante, tienen un personalidad propia, son únicos, perfectamente reconocibles; breves descripciones, largos diálogos, realistas, casi costumbristas, para contar historias nimias en apariencia pero llenas de reflexiones valientes sobre nuestro mundo; humor ligero, casi imperceptible, que acompaña a un optimismo que se impone sobre todas las penalidades de la vida; y un fondo lleno de humanidad que muestra de manera aparentemente superficial los grandes temas que nos rodean.

La sal de la vida no es lo mejor que he leído de Anna Gavalda. Es un cuento largo más que una novela corta, quizás demasiado poco para ocupar todo un libro. Pero se lee de una sola sentada, es tremendamente ameno, maravillosamente accesible, una puerta abierta a esta escritora tan interesante. En este libro encontramos alta literatura disfrazada de libro ligero, vital y refrescante, ideal para el verano.

A partir de él, se puede perfectamente pasar a sus dos grandes novelas o, si ya se han leído, revisitarlas y así volver a encandilarnos con unos personajes siempre memorables por su cotidianeidad: la gran virtud de Anna Gavalda es que parece que nos está contando una historia del vecino de al lado y consigue que nos interese y entusiasme su suerte.

La sal de la vida, Juntos, nada más o El consuelo muestran la presencia de una escritora de sólo 39 años que, esperemos, dará muchas alegrías en el futuro cercano.

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