Felices para siempre

No, a pesar del título este artículo no trata del Mundial. Las glorias deportivas son efímeras. Lo de felices podría llevar a pensar que voy a hablar de los escolares y el actual sistema educativo, tan enemigo del esfuerzo, pero muchos de ellos despertarán tarde y temprano y no lo serán para siempre. Tampoco trata de una película inolvidable ni de un libro imprescindible. “Felices para siempre” es tan solo el subtítulo de Shrek 4, la nueva entrega del celebérrimo ogro.

La primera Shrek supuso una soplo de aire fresco ya que daba un giro gamberro al mundo de los cuentos infantiles –esos actualmente considerados políticamente incorrectos por los que ven cochinadas en todas partes– al tiempo que contaba una historia de amor muy entretenida, llena de acción y algunos gags inolvidables, como el sapo-globo o la explosión del pájaro que trinaba frente a Fiona. Shrek también ilusionó en cuanto presentación del cine de animación de Dreamworks, que así quería unirse a la enorme brillantez de Pixar, responsable de las mejores comedias de los últimos 15 años.

Así llego la segunda parte de Shrek que, sorprendentemente, fue tan buena o mejor que la primera, sobre todo porque daba un paso aún más transgresor a la hora de parodiar los viejos cuentos. Con esta doble entrega, el ogro y su esposa, Asno, el Gato con Botas y demás personajes entraron a formar parte del acervo cultural terrícola.

Tanto fue el éxito que Dreamworks Animation, probablemente desanimada por el menor éxito y calidad del resto de sus proyectos, decidió estirar el cuello de la gallina de los huevos de oro. Y así llegó una tercera parte que pasó con mayor pena que gloria por las salas de cine y durmió a más de un adulto despistado. Ahora ha llegado a nuestras pantallas esta cuarta parte, titulada en castellano Shrek, felices para siempre.

Esta entrega cuenta cómo el ogro, cansado de la rutina familiar, se deja engañar por Rumpelstiltskin y pierde todo lo que tiene. Sólo le queda un día para luchar por recuperar el amor de Fiona si no quiere desaparecer como si nunca hubiese existido. En ese sentido, recupera la tensión dramática de las dos primeras entregas. Por eso mismo es bastante mejor que la tercera.

El problema es que la fórmula ya está gastada. Salvo la aparición del Flautista de Hamelín, el resto de la película no sorprende en absoluto, es repetitiva hasta la extenuación, incluso se repiten algunos chistes de manera completamente indisimulada. Más que un trabajo de creación, es una vuelta a la fórmula de las dos primeras películas para hacer caja sin importar otra cosa. Vender sobre seguro a costa de la calidad, de la sorpresa, de la imaginación.

Por lo menos la película es de una calidad técnica impresionante, sobre todo si se ve en 3D. Una vez más, nos encontramos con que el marketing, el manejo de una marca bien establecida, y la tecnología pueden con las ganas de hacer buenas películas. Shrek, felices para siempre se puede ver. Por supuesto. Pero también da la impresión de que ya se había visto antes. Y hay que tener en cuenta de que es una de las grandes apuestas de Hollywood para la temporada.

Por lo menos queda el consuelo de que, según han anunciado, este es el último Shrek. Aunque cuesta creerlo cuando tenemos ahí de nuevo a Freddy Krueger como preludio del regreso de muchos otros conocidos personajes cinematográficos. Por algo en Hollywood comienza a rumorearse que, en lugar del premio Irving Thalberg a toda una carrera, se va a entregar el Henry Ford Award. Lástima.

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