Sobre las buenas novelas

Aunque unas cuantas novelas históricas se sitúen en el culmen de la Literatura –las dos primeras series de los Episodios Nacionales, Guerra y Paz, Los Miserables…–, opino que los mejores narradores son aquellos capaces de contar cómo son las personas y las sociedades de sus respectivas épocas. Cervantes colocó a Don Quijote a principios del XVII y sus discípulos Defoe, Swift o Fielding hicieron lo mismo un siglo después. Conocemos muy bien cómo se pensaba y vivía en el XIX gracias a escritores de la talla de Balzac, Dickens, Dostoievski o Tolstoi. Incluso los personajes de Kafka pertenecen a su época aunque esté poblada de extraños sucesos y agobiantes ambientes. Por si fuera poco, son tan grandes que sus personajes y obras han trascendido tiempo y espacio para convertirse en clásicos universales.

En 2010 aún existen grandes novelistas capaces de construir historias protagonizadas por personajes cercanos en mundos perfectamente reconocibles. En el siglo XXI novelas como Sábado de Ian MCEwan o Acción de gracias de Richard Ford han retratado magistralmente cómo es el hombre de nuestro siglo, cómo funciona su mente. Y, sin duda alguna, pervivirán por los siglos de los siglos.

Richard Russo es un escritor norteamericano que, hasta la fecha, nos ha regalado dos obras maestras: Empire Falls y El puente de los suspiros, buenos retratos del mundo que conoce. En España la editorial Alfaguara acaba de publicar El verano mágico en Cape Cod, otra buena y divertida historia que muestra los miedos y esperanzas, los defectos y virtudes, los pros y contras de un personaje completamente vigente. Tanto que, a pesar de su edad y circunstancias, cualquiera puede sentirse reflejado en cómo se siente y actúa.

El protagonista es Jack Griffin, ex guionista de Hollywood y profesor de universidad que, después de varias décadas, vuelve al enclave turístico de Cape Cod para asistir a la boda de la mejor amiga de su hija que, nada anecdóticamente, se va a casar el verano siguiente. Jack arrastra tras de sí un largo matrimonio que parece abocado a morir, una carrera profesional llena de desilusiones y, sobre todo, el fantasma de sus padres aunque, a su pesar, se parezca a ellos más de lo que quisiera.

Esta novela nos cuenta lo que sucede durante esa boda y la de la hija al tiempo que reconstruye gran parte del pasado de Jack. Con mucho sentido del humor mezclado con cierta amarga resignación existencial y una mirada directa e incisiva sobre la realidad, Russo construye una espléndida historia que emociona, hace reír y llorar, entretiene y, también, ayuda a que reflexionemos sobre nuestras propias vidas.

El verano mágico en Cape Cod no es la mejor novela de Richard Russo. Su traducción al español es bastante mala. Aun así es un libro altamente recomendable porque, aunque americano, aunque su protagonista tenga alrededor de 60 años, aunque no sea ninguno de nosotros, nos muestra cómo pensamos, sentimos y actuamos en el fragor del comienzo de este caótico siglo. Como he afirmado, buena literatura, o lo que yo entiendo que debe ser la mejor narrativa.

Más allá de su calidad intrínseca, esta novela puede servir también como perfecto contraste a la narrativa actual española, tan etérea, tan alejada de nuestros propios problemas, tan centrada en asuntos de otras épocas. Aunque quizás esté equivocado y los libros que sirven de espejo a los lectores no son otra cosa que una mala jugada. En ese caso, William Shakespeare, según la opinión de Samuel Johnson, es el peor de los escritores.

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