¿Estamos solos en el Universo?

Hace unos días cayó en mis manos la novela de ciencia ficción “El fin de la infancia”, de Arthur C. Clarke, autor de obras tan conocidas como “2001: Odisea en el espacio”. En ella, unos ‘superseñores’ procedentes de otra galaxia llegan a la Tierra y la gobiernan desde sus naves situadas a 50 kilómetros de la superficie. Esta amena e interesante lectura me ha hecho recordar de nuevo la pregunta con la que abro este artículo: ¿Estamos solos en el Universo?

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Para darle respuesta vamos a usar la Paradoja de Fermi, pronunciada por el físico italiano Enrico Fermi en los años 50 del pasado siglo. Solo en nuestra galaxia, la Vía Láctea, hay entre 200.000 y 400.000 millones de estrellas, y más o menos el mismo número de galaxias en todo el Universo. Y por lo que se sabe, muchas de ellas son muy parecidas a la nuestra porque tienen una estrella muy similar al Sol. Tanto es así que un equipo de científicos australianos afirmó en 2015 que pueden existir, aproximadamente, 200.000 millones de planetas similares a la Tierra en todo el Universo.

Aun sin conocer con exactitud todos estos datos, muchos científicos en el siglo pasado vaticinaron que era imposible estar solos en el Universo, por eso empezaron a diseñar los SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence), proyectos científicos que tienen por fin buscar inteligencia extraterrestre. Uno de los más activos en esa primera época fue Frank Drake, que en 1961 presentó una ecuación –la Ecuación de Drake que permite un cálculo probabilístico de cuántas civilizaciones extraterrestre existen en nuestra galaxia con capacidad para comunicarse por medio de señales de radio. Pero claro, según sus estadísticas, ya nos tendrían que haber visitado desde otros planetas. Sin embargo, nadie nos ha visitado ni nos han enviado ningún mensaje. Entonces, ¿dónde están todas esas supuestas civilizaciones?

ecuacion de drake universo

El físico Enrico Fermi se hizo esa pregunta en medio de una conversación informal con otros físicos en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México. “Si estamos tan seguros de que están, ¿dónde están? ¿Por qué no hemos encontrado trazas de vida extraterrestre inteligente, por ejemplo, sondas, naves espaciales o transmisiones?”. Y así nació la Paradoja de Fermi: Deberían estar ahí, pero no están o, al menos, no los detectamos. Estadística vs. evidencia.

Pero, ¿qué nos hace suponer que hay vida inteligente ahí afuera? Volviendo a los 200.000 millones de planetas similares a la Tierra que se calcula existen, podemos suponer que alguno será mucho más avanzado e inteligente que nosotros, puesto que la Tierra es relativamente joven: en un Universo de 13.000 millones de años, nuestro planeta solo ha cumplido 5.000 millones. Eso quiere decir que cualquier planeta con 6.000 o 7.000 millones de años de antigüedad podría tener varios miles de millones de años de ventaja en el camino hacia la súper inteligencia.

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Entonces hay que tener algo en cuenta: una sociedad 1.000 millones de años más avanzada vería a la nuestra como nosotros podemos ver a los insectos. Seríamos incapaces de detectar su presencia o de descifrar su tecnología. El físico Michio Kaku lo explica así:

Digamos que hay un hormiguero en medio del bosque. Y justo al lado del hormiguero construyen una superautopista de diez carriles. Y la pregunta es “¿Serían las hormigas capaces de entender qué es una superautopista de diez carriles? ¿Serían capaces las hormigas de entender la tecnología y las intenciones de los seres que construyen la autopista a su lado?”.

Por ende, hay varias teorías para explicar esta escasez de visitas. La primera, la del gran filtro, dice que estamos solos. O que aunque no lo estemos, ninguna civilización evoluciona tanto como para controlar el Universo. Pero hay dos versiones sobre esta teoría, la que asegura que la civilización humana ya ha pasado ese filtro y por eso sigue evolucionando en el campo de la inteligencia y la que afirma que todavía no hemos llegado y que, cuando lleguemos, estaremos condenados a desaparecer.

Pero, ¿y si estamos acompañados? Pues hay miles de posibilidades. La vida inteligente en la Tierra es muy reciente, solo unos 50.000 años. Pueden habernos visitado ya o incluso pueden estar entre nosotros y no poderlos identificar, como decía Michio Kaku con la teoría del hormiguero. Puede ser incluso que no interesemos a nadie o que ninguna otra civilización emita señales para no ser descubierta por algún motivo desconocido. Puede ser incluso que otras civilizaciones súper inteligentes nos observen como quien va al zoo a ver animales enjaulados. Es más, ¿y si nos lo oculta el Gobierno? Porque, quién sabe, podrían haber contactado con nuestra civilización pero, por motivos de seguridad, habérnoslo ocultado… En definitiva, habrá que seguir mirando muy atentamente al cielo a ver qué ocurre.

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