El desconocido papel de las astrónomas anónimas del siglo XIX

No está este post destinado a hablar de libros, pero no podíamos pasar por alto la última publicación de Miguel Ángel Delgado. “Las calculadoras de estrellas” es una historia deslumbrante que nos descubre el sorprendente y desconocido papel que jugaron centenares de mujeres anónimas en los mayores descubrimientos astronómicos de nuestro tiempo.

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“Todo el mundo debería conocer a Maria Mitchell y a las calculadoras de Harvard, su ciencia y su historia”, afirma el autor de este libro que pretende sacar a la luz el trabajo invisible, pero fundamental de un grupo de astrónomas anónimas del siglo XIX. Si bien es una novela de ficción, la obra de Delgado tiene mucho de realidad. Su sinopsis seguro que os engancha:

Es 1865, y Estados Unidos lleva varios años de una guerra cruel que está afectando a todo el país. Gabriella Howard es una niña sin muchas opciones, huérfana de madre, que vive junto a su padre en Poughkeepsie, un pequeño pueblo del estado de Nueva York, a orillas del Hudson.

Pero demasiado pronto la guerra le arrebatará también al padre y tendrá que trasladarse a un orfanato.

Su suerte cambia el día que Maria Mitchel, una antigua amiga de su padre, aparece en el orfanato decidida a hacerse cargo de ella para que la asista y la acompañe en su nuevo empleo como profesora. La señora Mitchel es la joven y reconocida astrónoma que empezará a impartir clases de esta materia en Vassar College, una monumental universidad, y la primera en Estados Unidos dedicada a la formación superior para mujeres.

“Las calculadoras de estrellas” aborda una historia de superación, un canto a aquellas mujeres astrónomas que lograron abrirse un camino con todo en su contra y que en muchos casos no llegaron a ver en vida ningún reconocimiento por su trabajo.

¿Quién era Maria Mitchell?

maria mitchell astronoma anonimaLa coprotagonista de esta historia es Maria Mitchell, primera astrónoma de América, nacida en la pequeña isla de Nantucket, al sur de Massachusetts, en el seno de una familia cuáquera.

Desde niña aprendió a localizar estrellas y con solo 29 años descubrió un cometa, conocido hoy como Miss Mitchell’s Comet o C/1847 T1, según la clasificación internacional. Gracias a este descubrimiento, Mitchell consiguió que el rey de Dinamarca le concediera, tras una dura pugna, una medalla que reconocía su hallazgo.

Fue la primera profesora de astronomía en Estados Unidos y en 1848 fue la primera mujer en ser admitida en la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias. Tras su muerte en 1889, el Observatorio de Nantucket adoptó su nombre, fue incluida en la galería de la fama de las mujeres de EE.UU. y un cráter de la luna fue bautizado con su nombre.

Las calculadoras de Harvard

Por otro, “las calculadoras de Harvard” constituían el grupo de mujeres astrónomas anónimas contratadas en la Universidad de Harvard para clasificar las estrellas, su color, tamaño y espectro, un trabajo intenso que sentó las bases de la revolución astronómica que sobrevendría en el siglo XX.

Algunas de estas mujeres fueron Annie Jump Cannon (1863-1941) o Henrietta Swan Leavitt (1868-1921). “Hace años descubrí la historia de Swan Leavitt”, quien se centró, por ejemplo, en las cefeidas, un tipo de estrellas variables que modificaban su brillo y para las que halló un método para medir la distancia de cada una con la Tierra, señala el autor del libro en una entrevista a la agencia Efe.

“Estas mujeres llegaron a ser científicas teniéndolo todo en contra”, resume Delgado, quien además destaca el trabajo de muchas por la igualdad. Cuando uno lee los escritos de Mitchell se da cuenta de que era una gran defensora de la educación igualitaria: “sus reflexiones no parecen escritas por una mujer del siglo XIX”, remata.

Delgado, quien apunta que aún quedan muchas cosas por hacer en cuanto a igualdad en la comunidad científica se refiere –por ejemplo en las vocaciones científicas o en los puestos de responsabilidad– señala que le gustaría que quien leyera esta historia conozca a estas mujeres pero también valore lo que la ciencia en general puede aportar a la sociedad.

En definitiva, muchas son las mujeres que ayudaron en siglos pasados al avance en Ciencia y Astronomía. Sin embargo, muchas de ellas permanecen hoy en el anonimato. Es nuestra labor recuperar sus nombres y destacar su legado. Parte de nuestros avances de hoy se deben exclusivamente al esfuerzo y tesón de todas estas mujeres.

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