Los babilonios se adelantaron 1.500 años a su tiempo

vida de galileo babiloniosLa próxima semana voy a tener la suerte de poder disfrutar en el Teatro Valle Inclán de la majestuosa “Vida de Galileo” de Bertolt Brecht. Además, con escenografía del magnífico Paco Azorín, que siempre es sinónimo de éxito. Durante 2.000 años, la Humanidad creyó que el Sol y todos los astros del cielo daban vuelta a su alrededor. El Papa, los cardenales, príncipes, estudiantes y doncellas se creían inmóviles en una inmensa esfera que era el centro del universo conocido. Pero llegó Galileo Galilei y enfrentándose a todo el poder establecido comenzó a afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés. Su trabajo se considera una ruptura de las teorías asentadas de la física aristotélica, y su enfrentamiento con la iglesia católica es, sin duda, el mejor ejemplo de conflicto entre religión y ciencia en la sociedad occidental. Unos cien años antes, Copérnico había abierto el camino.  Galileo, con el invento del telescopio, corroboró las teorías de su antecesor. Posteriormente, Kepler, matizó los hallazgos de ambos.

No cabe duda que estos tres personajes fueron, junto a otros grandes científicos como Newton o Pascal, los máximos exponentes de la revolución científica que siguió a varios siglos de oscuridad medieval. Pero, ¿qué hubo antes?

Los griegos fueron los primeros en dar una explicación racional del universo, que se reflejó asimismo en un espectacular desarrollo de la filosofía, la ciencia o el arte. Sócrates, Platón o Aristóteles en el campo filosófico y Tales de Mileto, considerado el primer científico de la historia, ya que dio la primera explicación científica del universo, fueron los pioneros. En concreto, Tales fue el primero que se apartó de la mitología y no buscó un Creador en su teoría sobre el Universo. Para él todo nacía del agua, la cual era el elemento básico del que estaban hechas todas las cosas, pues se constituye en vapor, que es aire, nubes y éter; del agua se forman los cuerpos sólidos al condensarse, y la Tierra flota en ella.

Pero no fueron los únicos que miraron al cielo con curiosidad y razonaron con cierto acierto. Hace unas semanas se descubrió un conjunto de tablillas babilónicas que describen cómo realizar el seguimiento de Júpiter en el cielo. Esta sorprendente técnica astronómica no fue “descubierta” hasta 1.500 años después. Y es que parece ser que el ritmo irregular de Júpiter en el cielo -que parece frenar y acelerarse de un día para otro por la combinación de su órbita y la de la Terria-, debió dejar perplejos a los astrónomos de la Antigüedad.

Esta tablilla en escritura cuneiforme discute el cálculo de la posición de Júpiter, teniendo en cuenta cómo la posición y la velocidad se relacionan con el tiempo, un cálculo que no surgió hasta la Europa del siglo XIV. “Demuestro que en estas cuatro antiguas tablillas cuneiformes babilónicas, el desplazamiento de Júpiter a lo largo de la eclíptica se calcula sobre la superficie de una figura trapezoidal obtenida dibujando su desplazamiento diario respecto al tiempo”, explicaba esta semana el investigador Mathieu Ossendrijver, de la Universidad Humboldt de Berlín, en la revista Science. Con este sorprendente descubrimiento, se demuestra que los babilonios ya eran capaces de calcular la posición de un cuerpo mediante la geometría.

El análisis de Ossendrijver se ha centrado en la interpretación del texto de las tablillas, que parecen haber sido escritas en Babilonia entre el año 350 y 50 a. C. y están prácticamente intactas. En ellas se describen dos intervalos del periodo en el que Júpiter aparece por primera vez en el horizonte, calculando su posición a los 60 y los 120 días.

babilonios jupiter agencia sinc

El investigador alemán explicó asimismo a la Agencia Sinc que una de las tablillas, que llegó al Museo Británico en 1881 tras ser recogida en Irak, presenta siete líneas que se pueden traducir con estos datos aparentemente crípticos, pero que ayudan a trazar gráficas sobre el movimiento del planeta:

  • Línea 1: El día cuando aparece: 0; 12, hasta 1,0 días, 0; 9,30.
  • Línea 2: 0;12 y 0; 9,30 es 0; 21,30, tiempos de 0, 30.
  • Línea 3: es 0; 10,45, 1,0 veces es 10; 45.
  • Línea 4: después de completar 1,0 días, hasta 1,0 días 0; 1,30

Y así sucesivamente.

Esos textos y números cuneiformes contienen cálculos geométricos basados en la superficie de un trapecio, que se puede representar con sus lados ‘cortos’ y ‘largos’, lo que ayuda a seguir a Júpiter por la bóveda celeste. Hasta ahora se pensaba que los astrónomos de Babilonia realizaban sus operaciones solo con conceptos aritméticos, no geométricos.

Aquellos científicos babilonios fueron también capaces de calcular el tiempo en el que Júpiter cubre la mitad de su distancia durante 60 días, al dividir el trapecio en otros dos más pequeños y de igual superficie. “Mientras que los antiguos griegos usaban figuras geométricas para describir configuraciones en el espacio físico, estas tablillas utilizan la geometría en el sentido abstracto para definir el tiempo y la velocidad”, destaca Ossendrijver.

Por tanto, tras este importante hallazgo, no queda más remedio que redefinir nuestros libros de historia, pues los eruditos europeos que allá por el siglo XIV desarrollaron desde Oxford y París estos cálculos no fueron los primeros. De hecho, iban con siglos de retraso respecto a sus homólogos babilonios, que fueron, sin duda los grandes científicos y matemáticos de la Antigüedad. Aun así, siempre tendremos una pregunta sin respuesta en nuestra mente: ¿Cómo sería nuestra vida hoy en día si del siglo V al XV la humanidad no hubiera sufrido diez siglos de oscurantismo científico?

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