Sí, el queso crea adicción, pero menos que el chocolate

quesoSeguro que alguna vez te lo has planteado. ¿Seré adicto al queso? Es uno de esos alimentos que a quien le gusta, realmente le apasiona. Hay personas que podrían alimentarse prácticamente de este lácteo. Es más, conozco personas vegetarianas que no dan el paso hacia el veganismo por no hacer desaparecer de su dieta tan preciado manjar. Pero, ¿por qué tanta pasión? ¿Qué tiene el queso que nos hace salivar con solo pensar en él? Pues aunque parezca surrealista, el queso es “una droga” y la adicción es real.

Gran parte de su atractivo, ya sea suizo, manchego, provolone, roquefort o gruyere, se debe a que contiene casomorfina, una sustancia estructuralmente parecida a las endorfinas, presentes también en la leche materna y que genera una agradable sensación de bienestar. Su efecto adictivo, aunque es muy potente, es veinte veces menor al de su hermana mayor: la morfina.

Pero el chocolate más

Según un estudio publicado a principios de año en PLOS ONE, el chocolate, las patatas fritas y la pizza son más adictivos que el queso. Ashley Gearhardt, de la Universidad de Michigan, dirigió este estudio: “Me gustan muchas cosas. Me gusta el hip-hop y tomar el sol, pero no soy adicta a ellos. Sin embargo, como queso todos los días. Aun así, no tiene por qué significar que soy adicta”, aclara. De hecho, según el estudio, -para el que entrevistaron a 120 estudiantes universitarios y a otros 384 participantes procedentes de Amazon Mechanical Turk– llegaron a la conclusión de que son los alimentos procesados los que generan más adicción.

Sin embargo, los alimentos bajos en hidratos de carbono como las nueces o los huevos, o aquellos bajos en grasas como los plátanos o las fresas son los que quedan más abajo en la lista de adicciones alimentarias. “Percibimos que aunque algunos alimentos naturales como las manzanas o las fresas gustan especialmente a la gente, no pierden el control ante ellos ni tienen la necesidad de comerlos diariamente”, añade Gearhardt.

Por tanto, cuando los investigadores clasificaron los alimentos según la adicción que despiertan, el queso estaba en un comedido décimo lugar. El chocolate, las patatas fritas, la pizza, las palomitas de maíz o los caramelos estaban por delante.

Entonces, ¿es o no es adicción?

A pesar de todo, algo de adicción existe. Pues como comentaba al principio, el queso y la cocaína tienen algo en común. El queso, al igual que otros alimentos, estimula el sistema de recompensa del cerebro. “Este sistema se activa cuando comemos algo que nos gusta o bebemos agua cuando tenemos sed”, explican. Aun así, porque un alimento active nuestro sistema opioide (endorfinas) no quiere decir que nos convierta en adictos. “Simplemente, hay comida más agradable al paladar gracias a que activa estos agentes endógenos”, concluyen.

Por tanto, tras leer este estudio obtengo por fin la conclusión que tanto tiempo he andado buscando: Hemos de cuidar nuestra alimentación, pero podemos ponernos finos de queso sin preocuparnos por tener efectos secundarios más allá del alto placer que produce. Es decir, produce endorfinas que generan placer, pero sin llegar a engancharnos. Sin duda, el alimento perfecto.


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