Los peligros de combinar la lejía

Es sábado por la noche. Has invitado a unos amigos a cenar. Después unas copas y cuando quieres darte cuenta son las 5 de la mañana. Te acuestas bastante perjudicado y a la mañana siguiente: sorpresa. La casa está hecha un asco. Suelos pegajosos, basura por todas partes. No recordabas que la situación se hubiera ido tanto de las manos. Hay que ponerse el mono de trabajo para dejar la casa lo más limpia posible. Sacas todo el arsenal: lejía, amoniaco, detergentes y friegasuelos. Todo es poco para reparar el estropicio. Sin embargo, tienes que tener cuidado. Mezclar estos productos puede acabar muy mal. ¿Sabes cuáles son las mezclas más peligrosas que puedes crear sin querer?

limpieza

Lejía y amoniaco: Como bien explican en el blog Ciencia Enfurecida, el amoniaco (NH3) es un gas a temperatura ambiente que tiene que diluirse con agua para su uso en limpieza. La principal ventaja es su alta capacidad desengrasante, pues elimina con facilidad manchas de grasa, sangre o zumo. Por su parte, la lejía tiene como componente activo al hipoclorito de sodio (NaClO). Al mezclar ambas sustancias, se produce la cloramina (Nh2Cl) que es liberado como gas al producirse la mezcla. Y que al respirarlo nos afecta muy negativamente, pues entra en contacto con nuestra agua corporal y da lugar al Ácido clorhídrico (que provoca quemaduras en la piel y en las mucosas). Además, provoca radicales, una especie química caracterizada por poseer uno o más electrones desapareados. Estos radicales provocan daños en las células y una larga exposición a ellos puede dar lugar a procesos de cáncer.

Lejía y salfumán: Las abuelas solían decir que no hay mejor limpieza para el inodoro que la del salfumán (o aguafuerte). Y razón no les faltaba. Eso sí, hay que tener mucho cuidado con no mezclarlo con lejía, pues podríamos crear una peligrosísima nube tóxica. El salfumán es un ácido fuerte, concretamente se trata de ácido clorhídrico, HCl, con una concentración que suele oscilar entre el 16 y el 20%. Es por este motivo, porque el salfumán es un ácido, que no se puede mezclar con la lejía, ya que en medio ácido se puede producir una reacción química en la que se libera cloro gaseoso. Como decíamos antes, la lejía es una disolución diluida (en torno al 5%) de hipoclorito sódico, NaClO. Los aniones hipoclorito, ClO–, junto con los aniones cloruro, Cl– sufren una reacción al mezclarse, liberando cloro y formando agua. La liberación de este peligroso gas puede llegar a ser mortal. La tos y el picor que produce no son momentáneos, puesto que el edema pulmonar que produce respirar esta mezcla de gases no se pone de manifiesto hasta pasadas algunas horas y, además, se agrava por el esfuerzo físico. En caso de inhalación: acudir a urgencias y guardar mucho reposo.

Lejía y vinagre: Otra de las mezclas que mejor limpian y desinfectan es la combinación de lejía y vinagre, sin embargo, al ser este último un ácido, también reacciona con el cloro y puede por tanto provocar gases tóxicos que nos intoxiquen. Aun así, en este caso se produce mucho menos cloro, dado que el vinagre es un ácido más débil y menos concentrado.

Por tanto, aunque la lejía sea un producto blanqueante de primera, hay que llevar mucho cuidado a la hora de usarla con otros productos de limpieza. No por mezclar más productos se limpia mejor. De hecho, como ya hemos vistos, algunas mezclas pueden ser tan tóxicas que nos pueden llevar al otro barrio sin apenas darnos cuenta. Así que, limpia y desinfecta cuando desees, pero con cabeza.


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