El escorbuto, la "plaga del mar"

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Desde la Antigüedad, pueblos como los griegos, los romanos y los egipcios documentaron el escorbuto, una espantosa enfermedad que masacraba a los marineros en sus largos viajes por mar.

Diversos estudios señalan que había determinados factores que favorecían la aparición del escorbuto entre una tripulación que estaba mucho tiempo sin desembarcar en tierra: estar en un clima húmedo, el consumo de agua corrompida, la excesiva fatiga del viaje, y, sobre todo, la falta vegetales frescos, fuente de vitamina C.

El marinero que tenía escorbuto empezaba a sentirse muy cansado, presentaba signos de palidez y tenía la cara levemente hinchada. Más tarde, las encías se inflamaban y empiezaban a sangrar abundantemente al menor roce; el aliento se volvía fétido, y empezaban a aparecer manchas en la piel que aumentaban de tamaño producidas por hemorragias internas, las cuales hacían brotar sangre por nariz, boca, pulmones y el ano. Por último, los dientes y el pelo se caían, acompañado de fiebres y convulsiones hasta provocar la muerte.

Las tripulaciones de Magallanes, Vasco de Gama o Francis Drake fueron diezmadas por el escorbuto, y como bien señala el autor Macip Toral, "pagaron su tributo a la plaga del mar".

Sin embargo, no todos los casos documentados tuvieron un trágico final. En una de las travesías de Colón, unos marineros con escorbuto sabedores de su destino, pidieron al capitán que los dejasen en una isla para morir con dignidad. Tiempo después, al pasar la nave otra vez por la isla en su regreso, vieron que aquellos marineros que abandonaron a su suerte seguían vivos y estaban completamente recuperados. El motivo de su "milagrosa" recuperación no fue otro que el de alimentarse con vegetales frescos. De hecho, al creer la tripulación que era un auténtico milagro, bautizaron a la isla como Curazao (curación).

La dieta de los marineros estaba compuesta por galletas y carnes en salazón, por lo que carecía de "principios ácidos" que fuesen útiles contra la enfermedad. En 1747 el médico de la armada británica James Lind dio con la clave para poner fin al escorbuto. Tras realizar una serie de estudios científicos a la tripulación afectada por este mal en el barco HMS Salisbury, el británico descubrió que las naranjas y los limones eran el tratamiento más eficaz para curar y prevenir la enfermedad.

En 1753, Lind publicó su tratado en el que describía el estudio y el tratamiento a seguir; sin embargo, no fue hasta 42 años y 100.00 muertos después cuando la Armada Real Británica puso en práctica con carácter oficial la toma de una lima o zumo de naranja a diario.

 

Blibliografía:

  • Charles Roche, Louis; Joseph Sanson‎, Louis. Nuevos elementos de patología médico quirúrgica. (1828).
  • Fitzpatrick, Thomas B. Dermatologia en medicina general. (2009).
  • Macip Toral, Acacio Edmundo. La nutrición puede determinar el futuro de tu hijo (2007).
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