El barbero sangrador en la Edad Media

barbero_sangrador640

Siglos atrás si no disponías de mucho dinero y tenías un problema de salud, tu única solución era acudir al barbero sangrador o maestro sangrador, una figura multidisciplinar que lo mismo podía hacerte una sangría (actividad en la que eran maestros consumados), sacarte una muela o darte un masaje y todo en una misma sesión.

La posición social del barbero estaba entre aquellos profesionales titulados de la medicina como podían ser los médicos o los cirujanos (caros), y los curanderos, santiguadores o ensalmadores que carecían de argumentación empírica (estafadores).

Al igual que los demás gremios de la Edad Media, el barbero sangrador atendía a sus clientes en el bajo de su propia casa, mientras que en la primera planta vivía con su familia, y en algunos casos con los aprendices de esta singular profesión que abarcaba actividades de lo más variopintas.

En primer lugar, el barbero sangrador era el que supervisaba al barbero de toda la vida, cuyo cometido era cuidar la higiene del cliente lavando y cortando el pelo y la barba. Además, este "fontanero de la salud" sacaba dientes y muelas, ponía ventosas y sanguijuelas, y hasta trataba fracturas y luxaciones.

Por si fueran poco, las comadronas tenían la obligación de llamar al barbero cirujano si el parto se complicaba; en ese caso sacaban el cuerpo del niño si había muerto mediante instrumentos quirúrgicos, o bien realizaban una cesárea post-mortem para intentar salvar a la criatura.

Los clientes de estos profesionales de la salud eran en su mayoría campesinos y artesanos que no podían permitirse pagar un médico o un cirujano. Sin embargo, los nobles también contrataban sus servicios por recomendación de sus médicos de cámara.

A lo largo del siglo XIII se constituyó el gremio de los barberos sangradores, lo que significó una estructuración de los conocimientos de la disciplina hasta su entrada en la universidad un siglo más tarde.

En el año 1500 los Reyes Católicos fundan el Protobarberato, una institución compuesta por barberos mayores que examinaba y acreditaba a los barberos sangradores y los diferenciaba del oficio de barbero común:"...no consientan ni den lugar que ningún barbero ni otra persona alguna pueda poner tienda para sajar ni sangrar ni echar sanguijuelas ni ventosas ni sacar dientes ni muelas, sin ser examinada primeramente por los dichos nuestros Barberos Mayores personalmente".

Lamentablemente, con el paso de los siglos, la profesión de barbero sangrador, al igual que otras relacionadas más o menos con la salud en aquellos tiempos como los bizmadotes, algebristas, batidores de cataratas, drogueros o especieros, se perdió para siempre en beneficio de los cirujanos.

Bibliografía:

  • “Suturas y cirugía menor para profesionales de enfermería”. Enrique Oltra.
  • “Barberos y sangradores flebotomianos en Granada: norma y sociedad en los siglos XVII y XVIII”. Manuel Amezcua.
0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *