Corrupción en El Nilo

Azotar, mutilar, matar, aceptar sobornos y hasta poder llevar un mono entrenado, eran algunas de las cosas que podrías haber hecho si hubieses sido policía en el antiguo Egipto. Gracias un artículo publicado en National Geographic por el egiptólogo José Miguel Parra, hemos descubierto cómo se las gastaban los “cuerpos y fuerzas de seguridad” del faraón.

Al igual que los faraones no tuvieron un ejército permanente hasta el Imperio Nuevo, tampoco tenían un cuerpo de policía propiamente dicho. Las funciones de mantenimiento del orden público dependían del lugar donde fuésemos destinados. En la corte podías ser guardaespaldas del faraón y de su séquito, o, por el contrario, ser un shasa encargado de vigilar el harén real (mujeres y vástagos).

Fuera de la corte, una de las opciones era desempeñar la labor de vigilante, “encargado de controlar las idas y venidas y hacer sentir el dominio del faraón sobre los trabajadores”. Sin embargo, según la Sátira de los oficios, un texto que data del Imperio Nuevo, los sobornos a los policías por parte de los artesanos de los talleres reales para tomarse un descanso estaban a la orden del día.

Una opción perfecta para los que son más de dar palos a los indefensos era convertirse en un sa-per, unos matones al servicio del faraón que acompañaban a los recaudadores de impuestos para cobrar el famoso “recuento de ganado”. Armados con un bastón para la “memoria”, eran los encargados de amedentrar a los campesinos para que declarasen sus ganancias a los escribas, además de dar una buena somanta a los de la Virgen del Puño y a los que no tenían recursos para pagar.

Para lo días de mercado en los poblados, que todo se ponía hasta el copete, la policía utilizaba un curioso compañero de patrulla: el mono. De hecho, en el relieve de una tumba de Saqqara se puede ver la representación de uno de estos primates cogiendo de la pierna a un malandrín que había tomado las de Villadiego.

Otra posibilidad es acabar en la guardia fronteriza viviendo en un fuerte, defendiendo al faraón de enemigos extranjeros y, sobre todo, regulando el tráfico de personas. La premisa en Nubia era clara: “Impedir que ningún negro pueda cruzarla [la frontera], por agua o por tierra, con un barco, o rebaño de los negros; excepto un negro que venga a comerciar en Iken [Mirgissa] o con un mensaje”.

Si prefieres algo más tranquilo y relajado, ser guardián de tumbas es para ti. Como medjay, tendrás el honor y el deber de custodiar el Valle de los Reyes, donde se encuentran las tumbas de los faraones con sus enormes tesoros, algo, sin duda, muy del gusto de los saqueadores.

Por último, cuando atrapabas a alguien por un delito grave, como el asesinato, tu deber será cortale las orejas y la nariz y enviarlo a un campo de trabajos forzados en el extranjero, donde el pobre malhechor iría directo a la mina, a la cantera o el ejército.

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