¿Hay vida más allá del Sistema Solar? Esperamos respuesta…

Ya hubiéramos podido encontrar vida extraterrestre pero los políticos no tienen voluntad“, aseguraba hace unos días Seth Shostak, astrónomo jefe de los proyectos SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) destinados a buscar otras civilizaciones en el universo. “En algún momento en el futuro cercano, la gente será capaz de apuntar a una estrella y decir que tiene un planeta como la Tierra”, afirmaba pocos días después Sara Seager, profesora de Física y Ciencia Planetaria en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge. “Los astrónomos piensan que es muy probable que cada estrella en nuestra galaxia, la Vía Láctea, tenga al menos un planeta”, añadía. “Lo que no sabíamos hace cinco años es que quizás el 10 a 20 por ciento de las estrellas que nos rodean tienen planetas del tamaño de la Tierra en la zona habitable”, dice Matt Mountain, director científico del telescopio Webb en el Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial en Baltimore. “Está a nuestro alcance lograr un descubrimiento que cambiará el mundo para siempre“, aseguró.

Sin duda, parece que cada vez estamos más cerca de encontrar vida –inteligente o no- fuera de nuestras fronteras planetarias. Pero el interés por conocer a nuestros vecinos interestelares comenzó hace ya muchos años. Es más, siempre ha corrido la teoría conspirativa de que los propios faraones egipcios llegaron a la Tierra desde planetas lejanos. Sin embargo, el primer hito histórico en la búsqueda de vida interestelar tuvo su punto álgido en 1974. Hace exactamente 40 años. Fue entonces cuando se envió el conocido como mensaje de Arecibo, un mensaje de radio enviado al espacio desde el radiotelescopio de Arecibo para conmemorar la remodelación del aparato.

¿Qué dice el mensaje?

El texto de Arecibo tenía una longitud de 1679 bits (algo más de un KB) y fue enviado en la dirección del cúmulo de estrellas llamado M13 o Cúmulo de Hércules, situado a más de 25.000 años luz de la Tierra y formada por más de 400.000 estrellas. El mensaje, diseñado por Frank Drake y Carl Sagan, contiene información sobre la situación del Sistema Solar, de nuestro planeta y del ser humano.

Pero, ¿por qué 1679 bits exactos? Como era de prever, el número no es casual y procede de multiplicar dos números primos, el 23 y 73, para que el mensaje se viese por donde se viese, siempre tuviese una forma rectangular de 23 filas y 73 columnas o 23 columnas y 73 filas, pudiéndose leer de cualquiera de las formas. La idea era enviar al espacio un mensaje en el que se describiesen aspectos de la Tierra y la especie humana, eso sí, teniendo en cuenta que los unos representan separaciones de información y los ceros son el fondo del dibujo.

En realidad, con los unos y ceros ordenados de derecha a izquierda y de arriba a abajo se obtiene la misma información. Cualquiera de las dos configuraciones contiene información coherente. Para descifrar el mensaje antes hay que separar los unos y ceros que forman parte de números (en binario) de los unos y ceros que no forman parte de números.

Leído de izquierda a derecha, el mensaje presenta los números del uno al diez (para que sirviese de base para el detectar estos patrones en el resto del mensaje), los números atómicos del hidrógeno, el carbono, el nitrógeno, el oxígeno y el fósforo (componentes del ADN del homo sapiens sapiens), las fórmulas de los azúcares y bases en los nucleótidos del ADN, el número de nucleótidos en el ADN y su estructura helicoidal doble, la figura de un ser humano y su altura, la población de la Tierra, el Sistema Solar y una imagen del radiotelescopio de Arecibo con su diámetro. En definitiva, una codificación magistral que puedes entender más al detalle en este post.

¿Habrá respuesta?

Es complicado saber si alguna vez tendremos respuesta a este mensaje, pues tardará 25.000 años en llegar a su destino y, en el caso de que respondan, otros 25.000 años en volver al Radiotelescopio de Arecibo. Aun así, el 21 de agosto de 2001, aparecieron dos “círculos” en las cosechas en un campo contiguo al radiotelescopio de Chilbolton en Hampshire, Inglaterra.

Uno de ellos era un rectángulo con el mismo código binario, pero con distinta información que el Mensaje de Arecibo; el otro era un cuadrado con una imagen pixelada que parecía contener el rostro de un supuesto extraterrestre. Para muchas personas aquellos mensajes respondían a la llamada que se hizo desde la Tierra 27 años antes, sin embargo, finalmente se llegó a la conclusión de que probablemente era un gran engaño fruto de artistas anónimos e incluso de parte del personal científico que trabajaba en el radiotelescopio.

Voyager 1: Segundo intento

Tres años más tarde, en 1977, se lanzó una sonda espacial robótica de 722 kilos desde Cabo Cañaveral, Florida. Esta sonda permanece operacional actualmente y prosigue su misión de localizar y estudiar los límites del Sistema Solar e incluso llegar al espacio interestelar inmediato. En 2012, el equipo de la misión anunció que la nave espacial había cruzado la frontera del espacio interestelar, viajando más lejos de la Tierra de lo que ningún artefacto hecho por la humanidad había conseguido nunca.

En la sonda hay un disco de oro con una selección de hora y media de duración de música proveniente de varias partes y culturas del mundo, saludos en 55 idiomas humanos, un saludo del entonces secretario general de la ONU y el ensayo de “Sonidos de la Tierra”, que es una mezcla de sonidos característicos del planeta. También contiene 115 imágenes donde se explica en lenguaje científico la localización del Sistema Solar, las unidades de medida que se utilizan, características de la Tierra y del cuerpo y la sociedad humana. Carl Sagan, que fue quien se encargó también de diseñar este mensaje,  dijo que “la nave espacial, y el registro, solo serán encontradas si existen otras civilizaciones capaces de viajar en el espacio interestelar. Pero el lanzamiento de esta botella dentro del océano cósmico dice algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta”. Así, el registro es más visto como una cápsula del tiempo o como algo simbólico en lugar de un serio intento de comunicarse con la vida extraterrestre. Aun así, la respuesta puede tardar en llegar unos años… o varios cientos de miles. ¿Esperamos?

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