¡Olvídate de mí!

Uno de los grandes deseos del ser humano está a punto de cumplirse: poder olvidar a su ex. Pero no mediante terapias complejas que casi siempre suelen ser infructuosas, sino de forma definitiva. Voilá. Desaparecieron. Se esfumaron. Al estilo de la película de Michel Gondry que da título a este post. Aun así, si te arrepientes, los científicos que han llevado a cabo esta investigación en la Universidad de California te dan una segunda oportunidad. Su experimento, que ya ha dado resultados en animales de laboratorio, permite borrar y posteriormente recuperar la memoria.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature, es el primero en demostrar la capacidad de eliminar selectivamente un recuerdo y recuperarlo más tarde mediante la estimulación de los nervios en el cerebro en las frecuencias que debilitan y fortalecen las conexiones entre las células nerviosas, llamadas sinapsis.

El experimento es demasiado complejo para un chamán de barrio como yo, pero intentaré explicarlo en pocas palabras. En primer lugar, los científicos estimularon ópticamente un grupo de nervios en el cerebro de unas ratas que habían sido modificadas genéticamente para que fueran sensibles a la luz.  Y, al mismo tiempo, les dieron una descarga eléctrica en las patas (pobrecillas L). Los roedores, que tontos no son, asociaron que cada vez que recibieran un chorro de luz iba a venir acompañado de un calambrazo, por eso empezaron a mostrar conductas de pánico cuando les metían el foco, aunque no viniera acompañado del espasmo pertinente.

En la siguiente etapa del experimento, los científicos debilitaron este circuito mediante la estimulación de los mismos nervios pero con impulsos ópticos de baja frecuencia, algo que sirvió para borrar el recuerdo. Y funcionó. Una vez terminado el ciclo, las ratas dejaron de tener miedo a la luz porque los investigadores habían borrado el recuerdo que la asociaba a la descarga eléctrica. Lo más interesante llegó después, cuando los científicos, por probar, volvieron a estimular los mismos nervios con los pulsos ópticos de alta frecuencia del principio. Sorprendentemente, el recuerdo se reactivó y las ratas volvieron a temblar de miedo. Aseguran que ya no les volvieron a dar descargas en las patas, sin embargo no cuentan si volvieron a borrarles el recuerdo o los pobres animalillos viven todavía acogotados.

Podemos hacer que un animal tenga miedo, luego no lo tenga y lo vuelva a tener otra vez mediante la estimulación de los nervios en las frecuencias que fortalecen o debilitan las sinapsis”, explica Sadegh Nabavi, investigador postdoctoral en el laboratorio de la Universidad de California en San Diego.

Estos importantes avances, ya fuera de bromas, pueden ayudar a mejorar la calidad de vida de personas con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Aunque todavía queda mucho trabajo por delante, no es una locura pensar que dentro de unos años podríamos hallar la forma de reinsertar recuerdos en las personas afectadas por tan compleja enfermedad.

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