Padres al desnudo

Familia vestidos de desnudo
¿Y si mi hijo me ve desnudo...?, pregunta que refleja el desconcierto y apuro de ciertos padres a exponer su cuerpo ante la mirada curiosa e interrogativa de su hijo.
Temen mostrarse sin ropa, por si desencadenan en el pequeño una lluvia de preguntas acerca de la sexualidad, que puedan resultar incómodas o difíciles de contestar.
Una vez que el niño va desarrollando su identidad sexual (2-3 años) y aprendiendo las diferencias anatómicas entre hombre y mujer, la vivencia de observar a sus padres desnudos, le sirve para explorar y conocer su cuerpo de manera natural y espontánea.
Algunos padres se bañan con sus hijos de forma habitual, como una actividad más de tantas otras que comparten. En este caso no es infrecuente que el menor compare su físico con el de ellos. Entonces, se le puede explicar con naturalidad que sus genitales son más pequeños, igual que lo son sus manos y pies, en contraste con los de los papás.
No obstante, es respetable que haya padres que por su educación, valores o timidez no quieran aparecer sin vestimenta delante de sus hijos. La cuestión reside en tratar el desnudo con normalidad, para que cuando por error o casualidad se produzca ese instante de “glup, pensaba que no había nadie” Baño entre hermanosse viva sin dramatismo.
Pero si la desnudez se convierte en algo prohibido, no sólo puede generar culpabilidad en el niño, sino potenciar a medio plazo que mantenga conductas de tinte voyeur (“cuántas más restricciones me ponen, más miro”)
Por otra parte, es normal que hacia los 3/4 años (según los expertos), los niños busquen también sus momentos de privacidad, y como tal hay que respetarlos. Tan malo es hacer un drama cuando se coincide desnudos, como ridiculizarle cuando quiere correr la cortina o entornar la puerta para bañarse.
Lo ideal es tolerar los sentimientos de pudor y los espacios de intimidad, a la vez que se integra la visibilidad del cuerpo a la vida cotidiana.