El santo de la Isidra, Carlos Arniches y su sainete madrileño

Probablemente, el sainete sea un género teatral genuinamente español. Tras Ramón de la Cruz, su gran cultivador fue Carlos Arniches, que nos ha legado un verdadero mosaico humorístico de las clases populares madrileñas de finales del siglo XIX. Con toda seguridad, el mejor de los que escribió fue El santo de la Isidra.

Probablemente, el sainete sea un género teatral genuinamente español. Sus orígenes se remontan al 'entremés' de los Siglos de Oro pero su verdadero artífice fue don Ramón de la Cruz en el XVIII.

Podría definirse como una pieza cómica de carácter popular y breve extensión que, si bien en principio se representaba en el descanso de una obra larga, al ir ganando en popularidad, comenzó a hacerlo de forma independiente.

Foto del Madrid castizo

El Madrid castizo protagoniza el sainete

Aunque los hubo dedicados a otras regiones –incluso puede hablarse de un sainete criollo-, los que alcanzaron verdadera categoría de género literario fueron los madrileños, cuyo siguiente gran cultivador fue Carlos Arniches Barreda (Alicante, 1866-1943).

Fundador de la llamada 'tragedia grotesca' –con La señorita de Trévelez-, combinación de lo dramático y lo humorístico que, salvando las distancias, anticipa los 'esperpentos' de Valle-Inclán, sin embargo, Arniches ha pasado a la historia de la literatura española por sus sainetes.

Y no deja de resultar curioso que fuera un alicantino quién proporcionase al género su genuino carácter madrileño. Él fue quien supo reproducir el habla de las clases populares de la capital de España y sus vivencias e inquietudes.

Así, el imponente número de ellos que escribió constituyen una excepcional visión antropológica de los chulapos y majas que poblaban los barrios humildes del Madrid decimonónico.

Y, claro está, todo ello pasado por el tamiz del humor y, en ocasiones, acompañados por la música.

Posiblemente, el mejor de todos los creados por Arniches sea El santo de la Isidra, estrenada en el Teatro Apolo en 1898 y cuya trama no puede ser más sencilla: los problemas que atraviesa la pareja formada por Venancio e Isidra ante el acoso que sufren por parte de un antiguo novio de ella llamado Epifanio.

Pero lo realmente destacado es su comicidad original. Un lenguaje fluido en el que dominan el chiste rápido y los retruécanos –repetición de la frase anterior en orden opuesto, de tal forma que ambas contrastan- y, sobre todo, pleno de casticismos y términos del argot popular.

Y, en relación con ello, un impagable testimonio de época debido a su realismo y fiel reproducción de un mundo castizo ya desaparecido. Porque Arniches, para agudizar la comicidad, acentuaba los rasgos pero no por ello pierden fidelidad a lo que eran las clases populares madrileñas de fines del siglo XIX.

En cuanto a todo lo apuntado, El santo de la Isidra es una obra extraordinaria.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Biografías y vidas.

Foto: Gaelx en Flickr.