Planeta recuerda a Lorca con 'Poeta en Nueva York'

En 1929, Federico García Lorca llegó a Nueva York para pasar allí unos meses. Tan devastadora fue la impresión que le causó la gran urbe que la reflejó en un libro: 'Poeta en Nueva York', un desgarrado poemario de corte surrealista que constituye una de las cimas líricas del gran autor granadino.

Monumento a Lorca

Monumento a Federico García Lorca en Madrid

A principios del siglo XX, el desarrollo económico que se venía produciendo en Estados Unidos se consolida. Especialmente tras la Primera Guerra Mundial, el epicentro del capitalismo se traslada desde Londres hacia Norteamérica y, en concreto, la ciudad de Nueva York se convierte, a través de su Bolsa de valores de Wall Street, en centro del comercio planetario. Pero, esa pujanza económica estaba construida sobre pilares de barro y, además, presentaba enormes desigualdades. Así, en 1929, todo se desmorona: la Bolsa neoyorkina se hunde arrastrando consigo a las del resto del mundo y dejando en la miseria a millones de personas.

Apenas tres meses antes de ese Crack del Veintinueve, llegaba a Nueva York el poeta Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-1936) y permanecería allí hasta marzo de 1930. Viviría, por tanto, como testigo privilegiado el estallido de la crisis y ello, añadido a la penosa impresión que le causó la gran urbe, aparecería retratado en un libro desolador: 'Poeta en Nueva York', que Editorial Planeta reedita, en versión bilingüe y con ilustraciones fotográficas de Robés, en un cuidado volumen.

Era Lorca ya un poeta consagrado por la publicación del 'Poema del Cante Jondo' y, sobre todo, del 'Romancero gitano', impresionante revisión del tema del destino trágico que fusiona de modo perfecto lo culto y lo popular y eleva el mundo de los gitanos a categoría de mito moderno tanto por la tragedia que presenta como por el lenguaje y el tono utilizados. Y es que Lorca se identifica con esa raza marginada personificando en ella sus propias frustraciones y miedos. De ahí la sinceridad que late a lo largo de toda la obra.

Él mismo se consideraba "inclinado a la comprensión simpática de los perseguidos" e idéntico rasgo hallamos en 'Poeta en Nueva York' respecto a la raza negra, a la que considera "lo más espiritual y delicado de aquel mundo". Porque la impresión que la gran ciudad causa en el poeta no puede ser más devastadora: un monstruo gigantesco que convierte al hombre en pieza mecánica de un gran engranaje sin atender a su faceta espiritual, un lugar deshumanizado en el que vivir resulta angustioso. En este sentido, puede decirse que los acentos sociales se incorporan a la obra lorquiana al contemplar este mundo de pesadilla.

Nueva York

Nueva York causó una devastadora impresión a Lorca

Precisamente, nada mejor para expresarlo que las técnicas surrealistas por entonces en pleno apogeo, con su liberación de lo reprimido en el subconsciente y del lenguaje respecto a la lógica. Ante un mundo absurdo, Lorca se sirve del versículo y de la utilización de metáforas alucinantes como mejor cauce para retratarlo. El resultado son treinta y cinco poemas impactantes que parecen carecer de vínculo pero que tienen cierta unidad gracias a algunas composiciones clave. Sin duda, la principal de ellas es 'La aurora', cuyo simbólico título hace referencia al contraste entre la llegada del nuevo día y la falta de esperanza de los habitantes de la gran urbe que "saben que van al cieno de números y leyes", ya que "allí no hay mañana ni esperanza posible".

Y, junto a esta composición apocalíptica, las tres impresionantes odas del libro: 'Oda al rey de Harlem', 'Oda a Walt Whitman' y 'Grito hacia Roma'. Con 'Poeta en Nueva York', Lorca alcanza una de sus cimas poéticas. Tras esta obra, se dedicaría preferentemente al teatro aunque aún nos brindaría una extraordinaria elegía con motivo de la muerte en el ruedo de su amigo el torero Ignacio Sánchez Mejías. Ahora podemos disfrutar la lectura del libro que dedicó a Nueva York en una esmerada edición bilingüe ilustrada con bellas fotografías que nos ofrece Editorial Planeta.

Fuente: Web dedicada al poeta.

Fotos: Martín Varsavsky y Patinet.