'La busca', de Pío Baroja

Pío Baroja es uno de los grandes novelistas españoles. Su obra narrativa se agrupa, frecuentemente, en trilogías. Y a una de ellas, 'La lucha por la vida', pertenece 'La busca', junto a 'Mala hierba' y 'Aurora roja'. 'La busca' cuenta las andanzas de un muchacho marginal por los suburbios de Madrid y su caída en la más absoluta miseria.

La Generación del 98, aparte el pensamiento y el ideario individual de cada autor, presenta dos líneas ideológicas esenciales: de una parte, su preocupación por España; y, de otra, un existencialismo de raíz teórica y práctica, basado, por un lado en las ideas filosóficas de Nietzsche y Schopenhauer y, por otro, en la conciencia de crisis que generó el final de siglo.

Monumento a Pío Baroja

Monumento a Pío Baroja

La primera parte de los regeneracionistas –Joaquín Costa, Mallada, Picabea- que propugnaban la modernización del país erradicando el caciquismo y las viejas políticas, generalizando la educación y reformando las estructuras agrarias a favor de los jornaleros. Y se vio agravada por el acontecimiento generacional del 'Desastre del 98': la pérdida de las últimas colonias que supusieron que España pasase a ser un país de segunda fila provocaron una sacudida en la intelectualidad del país que se tradujo en la reivindicación de mejoras radicales.

El final del siglo XIX originó, por otra parte, en la conciencia de las personas una sensación de crisis, de incomodidad y desubicación frente al mundo excesivamente mecanizado y maquinista que había creado la Revolución industrial. Junto a ello, la literatura se vio fuertemente influida por las filosofías irracionalistas europeas provenientes de los autores citados, a los que habría que añadir a Kierkegaard. Todos estos autores reaccionan virulentamente contra el Positivismo anterior, exaltando al Hombre frente al materialismo de aquel y retornando a lo espiritual.

Uno de los casos más evidentes de todo lo dicho es Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 1872-1956). Hombre de temperamento un tanto especial, pesimista acerca del hombre y el mundo, que derivó en un talante amargado y solitario, de radical sinceridad, su obra es buena muestra de su carácter. A pesar de ello, sintió siempre una enorme ternura por los marginados y los indefensos, fustigando sin piedad la crueldad.

Vista de Madrid, donde se desarrolla la novela, desde las afueras

Vista de Madrid, donde se desarrolla la novela, desde las afueras

Su obra es fundamentalmente narrativa. Deliciosos cuentos y, sobre todo, novelas, muchas de las cuales se agrupan en trilogías. Junto a la serie 'Memorias de un hombre de acción', veintidós novelas cuyo protagonista es su inquieto antepasado Eugenio de Aviraneta y que son, por tanto y fundamentalmente, narraciones de aventuras, cabe citar 'Tierra vasca', 'La vida fantástica', 'Las ciudades', 'El mar' y las que –a nuestro juicio- son las mejores: 'La raza', formada por 'El árbol de la ciencia','La dama errante' y 'La ciudad de la niebla' y 'La lucha por la vida', constituida por 'La busca', 'Mala hierba' y 'Aurora roja'.

Así, 'La busca' es la primera de las novelas de esta trilogía. Cuenta las andanzas de un muchacho de la calle en el Madrid de finales del siglo XIX. Manuel llega a la capital enviado por sus tíos, que le han criado, a vivir con su madre, Petra, criada en una pensión. En esa sociedad en crisis, el muchacho intenta ganarse la vida desempeñando varios trabajos, de los que siempre termina despedido por las duras condiciones de los mismos, que no es capaz de aguantar. Así, acaba vagabundeando por las calles y conociendo el mundo del hampa y la miseria. La muerte de su madre lo deja en la más absoluta indefensión y lo empuja aún más a la golfería. Unido a su primo Vidal, recorre las calles cometiendo pequeñas maldades. Cuando es recogido por el trapero Custodio, parece sentirse feliz, pero un roce con la hija de éste lo devuelve a la calle. Manuel será un pillo más, hasta que el comentario de un municipal sobre ellos –'éstos ya no son buenos'- parece ejercer en él un poder catártico, haciéndole reflexionar. A partir de entonces, decide ser 'de los que trabajan al sol, no de los que buscan el placer en la sombra'.

Portada de una edición de 'La busca'

Portada de una edición de 'La busca'

'La busca' responde, como otras obras de Baroja, a la preocupación existencial citada y al tema de la inadaptación del hombre a un entorno hostil. A la par que muestra el vacío existencial de los muchachos, el novelista critica a la sociedad, que no ofrece salidas dignas a los chicos de la calle y ni siquiera se preocupa por ellos. En este sentido, la división de la sociedad está precisamente dibujada: de un lado, el Madrid céntrico, acomodado y europeo; del otro, el extrarradio suburbial, en el que malviven en la miseria multitud de personas. Pero la crítica barojiana no sólo abarca a los poderosos, sino también a los marginados, que viven su miseria como algo natural y no hacen nada por salir de ella.

En este sentido social, se ha relacionado la novela con el género picaresco. En efecto, al modo de un pícaro moderno, Manuel tiene que arreglárselas para sobrevivir en un mundo hostil y recorre los estratos más bajos de la sociedad, adquiriendo todo tipo de 'picardías' y maldades. Pero Manuel no es un pícaro. Su descenso al submundo es pasajero, es una fase más de su aprendizaje, y, si bien en principio se muestra abúlico para salir de él, más tarde tomará la determinación de buscar prosperidad a través del trabajo honrado.

Por otra parte, desde el punto de vista formal, la obra –como otras muchas del autor- parece escrita sin una organización preconcebida. Baroja narra de un modo abierto, como un testigo de unos sucesos que nos los cuenta. En este sentido, se ha discutido mucho sobre la falta de composición narrativa del vasco. A nuestro juicio, esto no es así. Es cierto que las obras de Baroja carecen de una estructura preconcebida, pero ello responde a su particular concepción de la novela y de la forma de escribir: para él, la narrativa es un género abierto, multiforme, en el que cabe casi todo. Lo que le importa, fundamentalmente, es contar una historia y reflexionar acerca de ella, pero no siente la necesidad de estructurarla de modo prefijado.

Junto a ello, su estilo es antirretórico, de párrafos cortos y frases breves, lo cual le confiere un nervio y una agilidad extraordianarios. A ello debemos añadir la importancia de las descripciones, igualmente rápidas, hechas de unas pocas pinceladas expresionistas y la autenticidad de los diálogos. Todo esto confiere a sus relatos una amenidad extraordinaria.

Suburbios de madrid hacia 1880, cuando Manuel recorría estos escenarios

Suburbios de madrid hacia 1880, cuando Manuel recorría estos escenarios

Es cierto que Baroja cometía algunas incorrecciones gramaticales –reconocidas por él mismo, que las atribuía a su origen vasco-, pero sus propios contemporáneos, como Galdós o 'Azorín', le reconocían como un extraordinario prosista y, probablemente, como uno de los mejores novelistas contemporáneos por su capacidad creativa, su testimonio humano y social y sus dotes de narrador. Su papel de maestro para los novelistas de la posguerra así lo atestigua.

Fotos: Monumento a Baroja: 4lexandre en Flickr | Vista de Madrid: Gryffindor en Wikipedia | Portada: tomada de Iberlibro | Suburbios de Madrid: Esetena en Wikimedia