'El sabueso de los Baskerville', de Conan Doyle

La novela policiaca disfruta, en la actualidad, de un gran éxito. Pero es un género relativamente joven. Fue Edgar Allan Poe el iniciador de este tipo de relatos y, tras él, han aparecido un alto número de narradores dedicados al mismo. Sin duda, uno de los más destacados fue Arthur Conan Doyle, creador de un personaje legendario, Sherlock Holmes, al que unió para siempre al no menos genial doctor Watson. 'El sabueso de los Baskerville' es una de las novelas más destacadas de la singular pareja.

Arthur Conan Doyle

Arthur Conan Doyle

La novela policiaca goza en nuestros días de un éxito extraordinario. Sin duda, a ello ha contribuido poderosamente el cine, que –bien a través de adaptaciones, bien de guiones originales- ha proporcionado al género una difusión amplísima. Podríamos definirla -con el riesgo que tiene hacerlo, pues cada autor presenta sus particularidades- como aquella narración en la que se comete algún tipo de delito, generalmente un crimen, de cuya investigación se encarga un personaje que, habitualmente, tiene más condiciones y conocimientos que los demás para hacerlo y que generalmente finaliza con la resolución del mismo y el delincuente entre rejas.

No obstante su éxito actual, la novela policiaca es relativamente joven. No creemos equivocarnos si señalamos como su iniciador al norteamericano Edgar Allan Poe y sus ‘Crímenes de la calle Morgue’, publicados en la década de los treinta del siglo XIX. Tras él, el género se extendió a Europa, donde lo cultivaron escritores como el francés Vidoc –personaje novelesco de por sí, pues pasó de antiguo delincuente a jefe de la Seguridad del país galo-, quién fue el primero en atribuir a su personaje el arte del disfraz (rasgo característico de Holmes, como veremos); el inglés William Collins, que, con su novela ‘La piedra lunar’ introduce el uso de los conocimientos científicos como medio de esclarecer el delito; el español Pedro Antonio de Alarcón, en su relato ‘El clavo’; y, por fin, el escocés Arthur Conan Doyle. Tras ellos llegaron autores como Ágatha Christie, Dashiell Hammet o Raymond Chandler, que mantuvieron el éxito del género hasta nuestros días.

Pero, sin duda, el primer novelista que dotó a la narración policiaca de popularidad fue Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859-1930), cuyo personaje por excelencia, Sherlock Holmes, caló tan hondo en la sociedad inglesa que su autor, tras novelar su muerte, se vio en la obligación de resucitarlo, ante la ingente cantidad de cartas que le llegaron solicitándoselo.


Doyle, médico de profesión, había intentado triunfar como escritor a través de diversos caminos, pero no tuvo éxito hasta que encontró su filón con el detective, al que hizo protagonizar un sin fin de aventuras memorables desde su primera aparición en ‘Estudio en escarlata’. Recogiendo los antecedentes del género y apoyándose en sus conocimientos sobre medicina y ciencia, el novelista escocés creó un personaje excepcional.

Físicamente descrito como hombre “fino, nervioso, recio, seco y oscuro, con una gran cara de hocico agudo, penetrantes ojos grises y hombros angulares”, Holmes –según parece, inspirado en un profesor que tuvo Doyle en la Universidad, el doctor Joseph Bell, hombre de extraordinarias dotes deductivas- es un carácter de vastísima cultura, aficionado a la música, dominador del arte del disfraz, experto científico y con una capacidad de deducción fuera de lo normal. Pero, junto a éstas, quizá la mayor aportación del autor escocés al género haya sido la idea de poner al lado de Holmes a un compañero fiel, bondadoso y un tanto ingenuo: el doctor Watson.

En efecto, al modo de don Quijote y Sancho Panza, los dos detectives son opuestos y en ello reside su encanto, pues a través de esta dicotomía, se resaltan sus respectivos caracteres. El buen Watson admira al investigador y, desde su aparición, será su compañero fiel de pesquisas, incluso cuando se casa y abandona Baker Street.

‘El sabueso de los Baskerville’, la obra que nos ocupa, aúna las dos grandes aficiones de Doyle: la investigación y la parapsicología -sabemos que participó en asociaciones espiritistas, muy en boga en la época, por otra parte- y fue publicada por entregas en prensa entre 1901 y 1902, apareciendo este último año en libro.

El argumento de la obra se centra en la maldición que pesa sobre la familia Baskerville, iniciada con un antepasado, Hugo, quién fue asesinado por un perro infernal como castigo a su maldad. Este conjuro parece revivir cuando Sir Charles Baskerville es hallado muerto en un sendero de Devonshire donde se encuentran huellas de sabueso. El doctor Mortimer, para proteger al nuevo heredero, busca la ayuda de Sherlock Holmes, quién, intrigado por el caso, aunque no cree en maldiciones, se anima a investigarlo.

Llama la atención en esta novela el gran protagonismo de Watson. Si en otras se limita a mantenerse en un segundo plano tras Holmes y a ejercer de narrador de sus deducciones y hallazgos, en ésta el buen doctor lleva una parte importante del peso de la investigación, aunque siempre controlado por el detective, hecho que su ayudante desconoce.

Holmes, con su inseparable WatsonEl carácter empírico de Holmes, que desconfía de todo hecho paranormal, le lleva a instalarse de incógnito en el páramo donde supuestamente reside el perro para avanzar más rápidamente en su investigación y supervisar las pesquisas de Watson. Y, tras muchos incidentes, el genial detective resuelve el caso. Pero no diremos en qué concluye, para no estropear la lectura de la obra.

Sin duda, Conan Doyle halló acertadamente su camino al dedicarse al género policiaco. Como se aprecia en su personaje, era hombre de extraordinarias dotes deductivas y sabía mantener la narración en las dosis de interés necesarias para hacernos seguir leyendo: la intriga y la tensión no decaen a lo largo de todo el relato. La técnica es la misma en todas las novelas del detective: se le presenta un caso aparentemente complicadísimo, que él considera sencillo pero interesante; lo acepta e inicia sus pesquisas, llevándolas a cabo de modo que no entendemos qué sentido tienen sus pasos; y, al final, cuando más perdido parece estar, resuelve el embrollo y explica cómo lo ha logrado, de una forma tan aplastantemente lógica que nos parecemos tontos a nosotros mismos por no habernos dado cuenta antes.

Al igual que otros muchos relatos sobre Holmes, y quizá más, ‘El sabueso de los Baskerville’ ha sido llevado al cine en numerosas ocasiones (creemos que son veinticuatro). Quién no recuerda al frío actor británico Peter Cushing en el papel del genial detective.

No es de extrañar que los seguidores del investigador fueran y sigan siendo legión, pues sus obras resultan muy amenas, entretenidísimas y nos atreveríamos a decir que capaces de mejorar nuestra capacidad deductiva. Si alguien aún no lo ha leído, que no pierda la ocasión de hacerlo. Resulta adictivo.

Lectura de la obra | 'El sabueso de los Baskerville' en Librodot

Fotos: Arthur Conan Doyle: Matanya en Wikipedia | Holmes y Watson: Mschlindivein en Wikipedia